IMPERIO ALMORÁVIDE EN ESPAÑA SIGLO XII
La batalla de Bairén se libró entre las fuerzas de Rodrigo Díaz el Campeador, en coalición con las de Pedro I de Aragón, contra los almorávides de Muhammad ibn Tasufin.
Rodrigo Díaz, que el 17 de junio de 10941 había conquistado Valencia,2 y Pedro I de Aragón se habían reunido en junio de 1094 en Burriana para concertar una alianza a fin de hacer frente a los almorávides. En virtud de este pacto, el Cid partirá en diciembre de 1096 con ayuda de tropas aragonesas para abastecer de municiones y víveres su fortaleza del castillo de Peña Cadiella, restaurada por el propio Campeador en octubre de 1091 para dominar los accesos a Valencia desde del sur por la ruta interior en el curso de las operaciones de dominio sobre Levante que el Campeador había emprendido antes de la llegada de los norteafricanos. Cuatro años más tarde, en 1095, los almorávides controlaban Játiva y Gandía.3
Muhammad ibn Tasufin, comandante en jefe del ejército islámico, salió al encuentro de las tropas conjuntas cristianas en Játiva. Desde esa posición amenazaba al Cid y Pedro I quienes, a pesar de todo, consiguieron llegar a Peña Cadiella y abastecerla. Rápidamente, comenzaron el regreso hacia el este, tomando la ruta de la costa, pensando que era menos peligrosa que atravesar los desfiladeros situados entre Denia y Játiva, dos grandes poblaciones dominadas por los almorávides. Transcurría el mes de enero de 1097.
Mientras el Cid y el rey de Aragón avanzaban hacia el norte, acampando en Bairén, un lugar situado pocos kilómetros al norte de Gandía, el ejército almorávide había tomado el promontorio de Mondúver (una altitud de 841 metros cercana al mar), desde donde hostigaban el campamento cidiano. Además, el general Muhámmad había conseguido llevar una flota compuesta por naves almorávides y andalusíes al mismo punto, desde donde arqueros y ballesteros islámicos combatían entre dos fuegos a las tropas cidiano-aragonesas.
La situación parecía desesperada, pero el Cid arengó una mañana a sus tropas para conminarlas a llevar a cabo una carga frontal con toda la caballería rompiendo las filas enemigas por su centro. Al mediodía se efectuó el ataque con toda la energía posible, que sorprendió por su arrojo a las posiciones almorávides, que cedieron y posteriormente huyeron en desbandada. La desorganización de la retirada provocó que muchos guerreros musulmanes murieran ahogados en el río que tenían a su espalda o en el mar al intentar alcanzar las naves almorávides para ponerse a salvo. El ejército cristiano consiguió un gran botín en la persecución posterior a la victoria y el paso franco hacia la ciudad de Valencia.
| Fecha | Enero de 1097 | |
|---|---|---|
| Lugar | Gandía | |
| Coordenadas | 39°00′04″N 0°15′18″OCoordenadas: 39°00′04″N 0°15′18″O (mapa) | |
| Resultado | Victoria del Cid y Pedro I de Aragón | |
La batalla de Consuegra tuvo lugar el 15 de agosto de 1097 en la localidad toledana de Consuegra, y enfrentó al ejército del rey Alfonso VI contra las fuerzas almorávides del emir Yusuf ibn Tasufin.1
La batalla concluyó con una clara victoria para los almorávides.
Contexto histórico[editar]
En 1085 Alfonso VI el Bravo, rey de León y Castilla, conquista Toledo, la antigua capital del reino visigodo antes de la derrota del río Guadalete, y a ella traslada su capital, exigiendo a los desgastados reinos de taifas elevados tributos. Alfonso VI se encuentra en su apogeo y se hace nombrar Imperator e incluso Rex Ibericus.
Al año siguiente, el rey decide afianzar su poder en el norte de Hispania y pone sitio a Zaragoza, capital de la taifa del mismo nombre. El emir Yusuf ibn Tasufin desembarca en Algeciras en auxilio de los débiles reyes musulmanes. Alfonso VI, que no está dispuesto a tolerar esta osadía, levanta el cerco de Zaragoza y se dirige al encuentro de Yusuf. El rey sufre una humillante derrota en la batalla de Sagrajas, donde es masacrado al menos la mitad de su ejército: los almorávides rematan a los heridos en combate y agradecen a Alá la victoria subidos a un montón de cabezas de los cristianos.
Pero no es Alfonso VI el único que lucha contra los musulmanes: Rodrigo Díaz de Vivar, conocido como el «Cid Campeador», asola la zona del Turia y se apodera de la plaza fuerte de Valencia (1094) convirtiéndola en capital de un principado que él gobierna. Posteriormente derrota a Yusuf en dos ocasiones: en Cuart de Poblet (1094) y cerca de Gandía, en Bairén (1097) unidas sus tropas a las de Pedro I de Aragón. Pero mientras Rodrigo Díaz lucha en Valencia, un ejército almorávide capitaneado por Mohammed Ben al Hach se dirige a Toledo.
El rey decide desafiarlos en Consuegra, pero la escasez de tropas le obliga a pedir refuerzos al Cid, quien tras vencer en Bairén puede permitirse mandar refuerzos a su señor, y como muestra de amistad los envía al mando de su único hijo varón, Diego Rodríguez, heredero de su linaje. Diego llega con refuerzos y poco después su padre le envía la caballería de Álvar Fáñez, la cual es emboscada por los almorávides en las proximidades de Cuenca: algunos jinetes caen en el combate, otros vuelven a Valencia y los pocos restantes marchan con él hasta Consuegra.
La batalla[editar]
Con asombrosa rapidez Alfonso reúne sus tropas en Consuegra, instalando su campamento en el castillo; allí se siente seguro, pues desde su torre albarrana, antigua fortaleza romana y posteriormente musulmana, se divisa todo el llano circundante. Manda reforzar las murallas de la ciudad y espera a los almorávides que no tardarán en llegar.
Alfonso VI coloca a Álvar Fáñez, experto comandante de caballería, apoyando a Pedro Ansúrez, cuyos hombres son tropas de élite; después coloca a Diego con las tropas del Cid, las mejor armadas, y manda al conde García Ordóñez que proteja con su caballería la vida de Diego. García Ordóñez era un antiguo enemigo del Cid (según el Cantar de Mío Cid, en una ocasión en que el rey Alfonso había encomendado a éste cobrar las parias al rey de Sevilla, el de Granada, Abdalá, se dirigió a saquearla ayudado por algunos nobles, entre los que estaba García Ordóñez. El Cid salió con todas sus tropas a plantar batalla a Abdalá y tras apresar en ella a García segó con su espada un mechón de la barba, lo cual era ofensa gravísima).
La infantería cristiana se dirigió contra la almorávide, apoyado cada contingente por otro de caballería. Los cristianos consiguieron romper las filas de la infantería, pero las alas almorávides, formadas por jinetes, envolvieron a los cristianos. El rey ordenó la retirada y, mientras en el flanco izquierdo se replegaban Pedro Ansúrez y Álvar Fáñez juntos, en el derecho sólo lo hizo García Ordóñez sin ayudar a Diego Rodríguez, quien rodeado por sus hombres, y éstos a su vez por los enemigos, no aguantó mucho más y cayó muerto.
Alfonso VI se refugió dentro de la ciudad, que no tardó en caer, y se retiró al castillo, un bastión inexpugnable en lo alto de un cerro. Tras ocho días de sitio, sin agua, ni apenas comida, y con solo unas centenas de hombres, Alfonso VI resiste el asedio de los moros que intentan escalar sus murallas. Tras el octavo día los almorávides, diezmadas sus tropas, sofocados por el calor y temiendo la llegada de refuerzos cristianos, levantan el sitio y se retiran.
Se conoce como batalla de Cuarte al encuentro bélico que se desarrolló el 17 de junio del año 1094 entre las fuerzas de Rodrigo Díaz el Campeador y el Imperio almorávide en las proximidades de las localidades de Mislata y Cuart de Poblet, situadas a pocos kilómetros de Valencia.
Tras haber conquistado el Cid la ciudad de Valencia el 17 de junio,3 el Imperio almorávide reunió a mediados de agosto un gran ejército al mando de Muhammad ibn Tasufin, sobrino del emir Yusuf ibn Tasufin, con objeto de recuperarla. Hacia el 15 de septiembre Muhammad sitió la ciudad, pero Rodrigo salió a romper el cerco en batalla campal obteniendo una victoria decisiva que rechazó a los almorávides y aseguró su principado valenciano.
Fue, posiblemente, la más importante de las victorias del Cid y la primera contra un gran ejército almorávide en la península ibérica; además frenó su avance en Levante durante los años restantes del siglo XI.4 En el diploma de 1098 de dotación de la nueva Catedral de Santa María consagrada sobre la que había sido mezquita aljama Rodrigo firma «princeps Rodericus Campidoctor» considerándose un soberano autónomo pese a no tener ascendencia real, y el preámbulo de dicho documento alude a la batalla de Cuarte como un triunfo conseguido rápidamente y sin bajas sobre un número enorme de mahometanos.
| Batalla de Cuarte | ||
|---|---|---|
| Reconquista Parte de Reconquista | ||
Recreación de uno de los combates del Cid en los arrabales de Valencia durante su conquista. Dibujo publicado en La Ilustración Española y Americana, n.º 6, año XIV, Madrid, 10 de marzo de 1870, pág. 88. | ||
| Fecha | 21 de octubre de 10941 | |
| Lugar | Cuart de Poblet, Mislata, Valencia | |
| Coordenadas | 39°28′50″N 0°25′50″OCoordenadas: 39°28′50″N 0°25′50″O (mapa) | |
| Casus belli | Conquista de Valencia por parte de Rodrigo Díaz y algaras del castellano por tierras de Denia | |
| Resultado | Victoria de Rodrigo Díaz el Campeador | |
Antecedentes[editar]
Desde mediados del siglo XI el debilitamiento de los reinos taifas a causa de sus luchas internas hizo que las tropas de Castilla al mando del rey Alfonso VI se hicieran cada vez más fuertes en las fronteras. Los enfrentamientos entre los reinos taifas y el reino de Castilla y León terminaba en la mayoría de los casos con victoria cristiana y con la firma de reconocimientos del pago de tributos por parte de los reyes musulmanes.1
En este estado de gran tensión entre Castilla y los reinos andalusíes en 1082 llegaron emisarios castellanoleoneses a la taifa de Sevilla para cobrar las parias correspondientes. Esta misión iba encabezada por un judío llamado Ibn Salib. Los musulmanes de Al-Mutamid, rey de Sevilla, se sintieron ofendidos por la llegada de este hombre y lo mandaron matar. La respuesta del rey Alfonso VI fue reunir un enorme ejército y presentarse ante las puertas de Sevilla poniendo asedio a esa ciudad durante tres días mientras asolaba la región del Aljarafe. Las tropas castellanas en una muestra de poder militar pasaron a la ciudad de Medina Sidonia para finalmente plantarse en la misma ciudad de Tarifa. En esta frontera sur de Al-Ándalus Alfonso VI se acercó a las aguas del estrecho de Gibraltar diciendo "este es el final del país de al-Andalus, y yo lo he pisado".2
Este incidente que puso de manifiesto la debilidad del reino sevillano y del mundo andalusí en general se agravó con el asedio castellano de la ciudad de Toledo. Tras un corto sitio el día 25 de mayo de 1085 el rey de la taifa de Toledo al-Qadir tuvo que rendir la población mientras esperaba refuerzos provenientes de otros reinos musulmanes. Se fortalecía de este modo la posición del rey castellano leonés frente a los reyes andalusíes pero también frente al rey de Aragón al conseguir Castilla una posición favorable para la conquista de Murcia y una salida al mar Mediterráneo.13
Siendo Toledo la primera ciudad de entidad que pasaba a manos castellanas desde el desmembramiento del califato de Córdoba comprendieron los reyes de taifas andalusíes que el poder cristiano demostrado tras estas empresas únicamente podría ser contrarrestado con la ayuda de tropas provenientes de la dinastía que desde hacía pocos años se había asentado en el norte de África, los Almorávides.
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