SIGLO XIV EN ESPAÑA - PERSONAJES
Antonius Andreas1 (c. 1280, Tauste, Aragón - 1320) fue un teólogo franciscano español, alumno de Duns Scoto.
Biografía[editar]
Enseñó en la Universidad de Lérida en 1315. Fue apodado Doctor Dulcifluus, o Doctor Scotellus3 (también usado para referirse a Pedro de Aquila).
Sus Quaestiones super XII libros Metaphysicae Aristotelis fue impreso en 1481.
Juan Enríquez, O.F.M. (m. 1418) fue un religioso castellano franciscano perteneciente a la familia Enríquez. Fue hijo de Alfonso Enríquez, almirante de Castilla,23 y de Juana de Mendoza.4
Además de ser miembro de la Orden de los franciscanos, fue obispo de Lugo (1409-1418), ministro provincial franciscano de la provincia de Castilla (1406-1409),5 confesor del rey Enrique III de Castilla,6 maestro o posiblemente doctor en Teología,7 custodio de la Custodia de Toledo,8 visitador del convento de Santa Clara la Real de Toledo y del de Santa Clara de Guadalajara,9 y según algunos antiguos cronistas guardián del convento de San Francisco de Valladolid, aunque los historiadores modernos no han confirmado esto último.10
Fue bisnieto del rey Alfonso XI de Castilla.
| Juan Enríquez O.F.M. | ||
|---|---|---|
| 1409-1417 | ||
| Predecesor | Juan de Feijoo | |
| Sucesor | Fernando de Palacios | |
| Título | Obispo de Lugo | |
| Información religiosa | ||
| Ordenación episcopal | 1409 | |
| Información personal | ||
| Nombre | Juan Enríquez O.F.M. | |
| Fallecimiento | 1418 | |
| Padres | Alfonso Enríquez y Juana de Mendoza | |
Escudo del almirante Alfonso Enríquez,1 padre del obispo fray Juan Enríquez. | ||
Orígenes familiares[editar]
La mayoría de los historiadores modernos afirman que fray Juan Enríquez fue hijo del almirante Alonso Enríquez,2123 y de Juana de Mendoza,4 aunque algunos no lo mencionan entre los hijos de estos últimos,131415 y otros se limitan a afirmar que pertenecía a la familia de los almirantes de Castilla, cargo que en aquella época era detentado por la familia Enríquez.10 Además, era nieto por parte paterna de Fadrique Alfonso de Castilla, que fue hijo ilegítimo de Alfonso XI y de Leonor de Guzmán y maestre de la Orden de Santiago, aunque se desconoce la identidad de su abuela paterna.1617 Y por parte materna era nieto de Pedro González de Mendoza, señor de Hita y Buitrago y mayordomo mayor del rey Juan I de Castilla, y de Aldonza de Ayala.18
Fue hermano, entre otros, de Fadrique Enríquez, almirante de Castilla, de Enrique Enríquez de Mendoza, conde de Alba de Liste,19 y también hermanastro de Juan Enríquez, que era hijo ilegítimo de su padre y tomó parte en algunas operaciones navales contra los musulmanes,20 y hermano o hermanastro de Rodrigo Enríquez, que llegó a ser arcediano de Toro21 y de la catedral de Palencia.1 Y también conviene señalar además que fray Juan Enríquez estaba emparentado con Pedro Enríquez, que fue obispo de Mondoñedo,22 con García Enríquez Osorio, que fue obispo de Oviedo y arzobispo de Sevilla,23 y con Alonso Enríquez de Mendoza, que fue obispo de Coria.22
Biografía[editar]
Confesor de Enrique III de Castilla y ministro provincial de los franciscanos de Castilla (1395-1409)[editar]
Se desconoce su fecha de nacimiento. Su padre, el almirante Alonso Enríquez, fue miembro del Consejo Real, adelantado mayor del reino de León desde 1402, y almirante de Castilla desde 1405,24 y a lo largo de su vida acumuló, entre otros, los señoríos de Medina de Rioseco, Aguilar de Campos, Torrelobatón, Bolaños de Campos, Villabrágima y Palenzuela,25 y la familia Enríquez, que estaba emparentada directamente con la realeza castellana, tenía la mayor parte de su patrimonio en tierras de Valladolid.26
Hay constancia de que en 1395, durante el reinado de Enrique III de Castilla, fray Juan Enríquez ya era custodio de la Custodia de Toledo y visitador del convento de Santa Clara la Real de Toledo y del de Santa Clara de Guadalajara,9 y ese mismo año fray Juan y las hermanas Inés e Isabel Enríquez, que eran hijas ilegítimas de Enrique II de Castilla y abadesas del convento de Santa Clara la Real de Toledo, solicitaron al Tribunal del Subsidio que dicho convento quedara exento de abonar el tributo del subsidio, y el tribunal, basándose en una bula que el papa Clemente VII había concedido al mencionado convento en 1394, falló a favor del convento27 y les eximió del pago de dicho impuesto.9 Y algunos autores señalan que también en 1395 fray Juan Enríquez ya era confesor del rey Enrique III de Castilla, aunque yerran al afirmar que era miembro de la Orden de los dominicos,6 ya que hay constancia de que fray Juan, cuya familia sentía un gran aprecio por los franciscanos, profesó como religioso en esta última Orden, aunque se desconoce la fecha exacta en que lo hizo.5
Los historiadores fray Antonio Daza y fray Matías de Sobremonte afirmaron que fray Juan Enríquez fue a principios del siglo XV guardián del convento de San Francisco de Valladolid, al igual que fray Alonso de Argüello, que llegaría a ser ministro provincial franciscano de la provincia de Castilla y arzobispo de Zaragoza, pero Francisco Javier Rojo Alique señaló que los historiadores modernos no han confirmado la afirmación de que ambos personajes fueran guardianes de ese convento vallisoletano.10 No obstante, conviene señalar que según algunos autores el cargo de guardián del convento de San Francisco de Valladolid llevaba aparejado un cierto «reconocimiento y prestigio social», y según el padre fray Matías de Sobremonte ya desde la Edad Media era un cargo muy estimado que aseguraba a su poseedor el ascenso a otras dignidades más elevadas dentro de la Orden de los franciscanos y del resto de la Iglesia en general.28
Durante los reinados de Enrique III y de Juan II de Castilla el monarca contaba con ocho confesores, y su cometido no se limitaba a asesorar al rey en asuntos espirituales, sino también en temas políticos, ya que en aquella época, como señaló el historiador Guillermo Fernando Arquero Caballero, la separación entre ambos «estaba mucho menos» definida que en épocas posteriores.29 Y a pesar de que la mayoría de los confesores reales pertenecían a la Orden de los dominicos, hubo también monjes jerónimos y frailes franciscanos que ocuparon ese cargo, y hay constancia de que junto con fray Juan Enríquez también fue confesor del rey Enrique III fray Alfonso de Cusanza, que era dominico.30
Además, fray Juan Enríquez tuvo según algunos historiadores «un especial protagonismo» en la reforma de la Orden franciscana que estaba siendo plenamente apoyada por la Corona castellana,3132 y siembre mantuvo una estrecha relación con el rey Enrique III de Castilla, ya que además de ser su confesor y miembro de su Consejo Real,31 fue uno de los testigos que estuvieron presentes, junto con fray Fernando de Illescas, que también era franciscano y confesor del rey, y Pablo de Santa María, obispo de Cartagena y canciller mayor de Castilla, cuando el monarca castellano dictó su testamento el 24 de diciembre de 1406, un día antes de su muerte, en la ciudad de Toledo.33
A la muerte de Enrique III subió al trono su hijo, Juan II de Castilla, pero debido a su corta edad la regencia del reino quedó en manos de su madre, la reina Catalina de Lancaster, y de su tío, el infante Fernando, que era hijo de Juan I de Castilla y de la reina Leonor de Aragón.33 Pero hay constancia de que tanto fray Juan Enríquez como fray Fernando de Illescas se negaron a llevar a cabo algunas de las últimas voluntades consignadas en el testamento de Enrique III, alegando que no debían hacerlo por atentar contra la regla de los franciscanos.34a Y hay constancia de que ambos personajes estuvieron presentes, junto con los obispos de Sigüenza, Segovia, Orense, Cuenca, León, Cartagena, Jaén, Palencia y Salamanca35 en las Cortes de Segovia de 1407, que se reunieron un año después de la muerte de Enrique III.36
Entre 1406 y 1409 fray Juan fue además ministro provincial de los franciscanos de la provincia de Castilla,312 y se vio obligado a compaginar el cargo de confesor del rey con el mencionado anteriormente,9 aunque debió ser durante poco tiempo, ya que el historiador José Manuel Nieto Soria afirmó que cuando en 1406 fray Juan asumió el cargo de ministro provincial franciscano de Castilla fray Alfonso de Alcocer, que también era franciscano, le sustituyó como confesor real.37 Y cuando ese mismo año fray Juan tuvo necesidad de desplazarse a la Corte papal, tuvo que solicitar al pontífice que otro fraile le sustituyera en su cargo de ministro provincial franciscano de Castilla y en el de visitador de las clarisas de Toledo,9 y el papa Benedicto XIII, mediante una bula emitida el 1 de septiembre de 1406, permitió que otro religioso le sustituyera en esos cargos a fin de que fray Juan pudiera viajar a la Curia papal para resolver el problema que el monarca castellano tenía con esta última por causa del Cisma de Occidente, aunque hay constancia de que fray Juan continuó siendo el titular de ambos cargos.9
Y también hay constancia de que durante el tiempo en que fue ministro provincial franciscano de la provincia de Castilla fray Juan Enríquez potenció la fundación, sobre todo por parte de la aristocracia, de nuevos conventos de franciscanos y clarisas.38
Obispo de Lugo (1409-1418)[editar]
El 3 de julio de 1409 fray Juan Enríquez fue nombrado obispo de Lugo39 por el papa Benedicto XIII por causa de la defunción del anterior titular, fray Juan de Feijoo, que había sido fraile dominico, y el nuevo obispo lucense ocupó la sede hasta el momento de su defunción, en noviembre de 1418.9 Y el historiador Óscar Villarroel González afirmó que en el nombramiento de fray Juan Enríquez como obispo de Lugo debió ser decisivo el apoyo de la Corona castellana, ya que el nuevo prelado había sido confesor del rey Enrique III y miembro del Consejo Real y había sido uno de los más estrechos colaboradores del difunto monarca en lo tocante a la reforma de los franciscanos, aunque también debió influir en su designación el hecho de que en su testamento, Enrique III hubiera solicitado que se rogase al papa que a fray Juan Enríquez se le encomendara el gobierno de alguna diócesis.40
En el reino de Castilla, como señaló la historiadora Marta Cendón, era usual que de las grandes familias del reino surgiesen uno o varios prelados, como en el caso de los Enríquez, o en los de las familias Velasco, Fernández de Córdoba, Guzmán, Pimentel, Acuña, Manrique, Álvarez de Toledo, Sotomayor, Mendoza, Stúñiga, Osorio o Silva.41 Además, entre 1409 y 1410 fray Juan formó parte esporádicamente del Consejo Real, ya que en julio de 1409 formaba parte del de la reina Catalina de Lancaster y suscribió junto a esta última y otros miembros del mismo un documento. Sin embargo, algunos historiadores afirman que durante la minoría de edad de Juan II el obispo de Lugo siempre fue partidario del infante Fernando, que llegaría a ser rey de Aragón en 1412 tras el Compromiso de Caspe.42
Al contrario que la mayoría de los obispos castellanos, fray Juan Enríquez era partidario, al igual que los franciscanos, de enviar una delegación al Concilio de Constanza para que en él se pudiera poner fin al Cisma de Occidente,43 y en 1416 fue uno de los partidarios de abandonar el bando del papa Benedicto XIII, como ya había solicitado el rey Fernando I de Aragón.42b Y el 8 de junio de 1417 fue nombrado mediante una bula papal «conservador de los derechos y privilegios» de las monjas de Santa Clara la Real de Toledo,44 aunque esa responsabilidad recaería también en el deán de la catedral de Toledo y en Rodrigo Fernández de Narváez, obispo de Jaén.9
Y en su testamento, que no ha llegado hasta nuestros días, fray Juan Enríquez cedió buena parte de sus bienes,45 aunque otros afirman que le legó todos sus bienes muebles y raíces,46 al convento de Santa Clara la Real de Toledo,45 que estaba muy vinculado a la familia real castellana debido a que dos hijas ilegítimas de Enrique II habían profesado en él como religiosas aportándole una generosa dote.47 Y para que el convento pudiera utilizar esos bienes y disponer de ellos «canónicamente», la abadesa Inés Enríquez, hija ilegítima de Enrique II, solicitó al papa que emitiera una bula con ese propósito, ya que el sucesor de fray Juan Enríquez al frente de la diócesis de Lugo, Fernando de Palacios, había reclamado esos bienes y pronunciado una sentencia de excomunión contra todos los beneficiarios de los mismos,48 aunque el papa Martín V le encargó al tesorero mayor de la Iglesia de Toledo que le informase sobre el asunto49 y resolvió el pleito a favor del convento toledano mediante una bula otorgada en Mantua el día 18 de siciembre de 1418.5048
Fray Juan Enríquez falleció en 1418,51 y la mayoría de los historiadores señalan que fue obispo de Lugo hasta el año 1417, es decir, hasta un año antes de fallecer,5253 aunque otros afirman que lo fue hasta 1418.54 Y basándose en ciertas pruebas documentales, algunos autores afirman que su muerte ocurrió antes del día 28 de noviembre de ese año24 en el convento de Santa Clara la Real de Toledo,4555 ya que en la bula por la que el papa Martín V aprobaba la entrega de los bienes que el difunto obispo de Lugo había otorgado a las clarisas de Toledo se afirmaba, literalmente, que el prelado «in earum monasterio defunctus».56 Y conviene señalar que en el coro de este convento, donde probablemente sería sepultado fray Juan Enríquez, también estaba enterrados bajo cuatro losas de pizarra negra las hermanas Inés e Isabel Enríquez, que fueron hijas ilegítimas de Enrique II y abadesas de ese convento,57 Fadrique Enríquez de Castilla, que fue duque de Arjona y bisnieto de Alfonso XI de Castilla,58 y la abadesa Juana Enríquez, que según demostró la historiadora Margarita Cuartas Rivero,59 era hija ilegítima del conde Alfonso Enríquez y de Inés de Soto y nieta del rey Enrique II de Castilla,60 aunque otros historiadores, basándose en lo afirmado por Balbina Martínez Caviró,6162 señalaron erróneamente que era hija del almirante Alonso Enríquez y de Juana de Mendoza4463 y hermanastra por tanto de fray Juan Enríquez,64 aunque las conclusiones de Martínez Caviró en lo concerniente a esa abadesa fueron refutadas por Cuartas Rivero y por González Calle.60.59
Sepultura[editar]
En un sepulcro de alabastro exento y colocado actualmente en el centro del coro del convento de Santa Clara la Real de Toledo reposan, según la mayoría de los historiadores modernos,64 los restos del obispo fray Juan Enríquez,6566 a pesar de que algunos autores antiguos desconocían a qué prelado correspondía este mausoleo.6467c El sepulcro, que según algunos autores es una de las obras escultóricas más destacadas del convento de las clarisas de Toledo,68 era al principio exento y estaba colocado en el centro del coro, aunque fue posteriormente alojado en un arcosolio del mismo recinto69 hasta que a finales del siglo XX fue devuelto a su emplazamiento original. Y también consta que debió ser realizado entre 1409, año en que fray Juan Enríquez fue nombrado obispo de Lugo, y 1418, en que falleció, y todos coinciden al señalar que debió ser ejecutado en el taller del escultor Ferrand González, que también labró el sepulcro del arzobispo Pedro Tenorio, que se encuentra en la capilla de San Blas de la catedral de Toledo.70
Sobre la tapa del sepulcro está colocada la estatua yacente que representa al difunto, cuya cabeza, cubierta con una mitra que revela su condición episcopal, descansa sobre tres almohadas adornadas con motivos geométricos y vegetales.71 El difunto aparece portando un báculo72 y revestido con alba, dalmática, sobrepellizd y casulla, que están esculpidas con tal minuciosidad que según algunos autores se aproximan a «calidades pictóricas patentes», y el yacente lleva a modo de cíngulo un cordón franciscano que, además de estar colocado sobre el resto de las demás prendas litúrgicas,51 contrasta profundamente con ellas71 debido a que no era costumbre entre los obispos que sus estatuas yacentes les representasen con el hábito de su orden, y en el caso de este prelado su pertenencia a la de los franciscanos únicamente es mostrada a través del cordón de esa orden,73 que también contribuyó a que este sepulcro fuera atribuido a fray Juan Enríquez.74
Las manos del prelado están cruzadas sobre su vientre, estando colocada la mano derecha sobre la izquierda, bajo la cual reposa un báculo. Y a los pies del obispo aparece un perro, como símbolo de fidelidad, que tiene la cabeza girada hacia el difunto y el cuello sujeto con una cadena.75 Además, en el dedo anular de su mano derecha el yacente lleva un Anillo pastoral, que era uno de los atributos más destacados cuando un obispo quedaba consagrado como tal, aunque también era un símbolo de su autoridad, y en su mano izquierda lleva un manípulo que termina en un fleco dorado.75
En la peana del sepulcro están colocados ocho leones y los escudos de armas del obispo, que consistían en un «cuartelado con cruces de brazos iguales en negro sobre blanco y castillos en rojo sobre oro»,e que también está colocado en los laterales del sepulcro correspondientes a los lados de la cabeza y de los pies. Y según algunos autores, esos escudos son idénticos a otros que están colocados en el claustro de los Laureles del convento de Santa Clara la Real de Toledo.75 No obstante, en el escudo colocado en el lateral correspondiente a la cabeza del prelado el orden de los cuarteles está alterado,75 y algunos autores afirman que este escudo no está relacionado con los de la familia Enríquez, sino con los de la familia Suárez de Toledo y los de «otros linajes toledanos».
Bartolomé Fuensalida o de Fuensalida (siglo XVII) fue un misionero español franciscano quien en compañía de fray Juan de Orbita intentó pacificar y convertir al cristianismo a los itzaes durante la primera parte del siglo XVII, a fin de incorporar a tal etnia maya a las colonias establecidas por el imperio español a lo largo de las décadas precedentes, en razón de la conquista de Yucatán. Fracasó en su intento y estuvo a punto de perder la vida en el transcurso de su empresa conquistadora que no tendría éxito sino muchos años después de su muerte. Fuensalida fue uno de los fundadores del convento de La Mejorada en Mérida junto con Juan de Orbita, y otros frailes franciscanos entre los que se encontraban Pedro Navarro y Juan de Azebedo (Acebedo)
Intentos de sometimiento de los itzaes[editar]
Fuensalida intentó en dos ocasiones conquistar y pacificar a los itzaes que se refugiaron en Tayasal, en el Petén guatemalteco durante el proceso de conquista de Yucatán, en 1618-1619 y en 1641.1
1618 — 1619[editar]
En el año de 1618, siendo gobernador de la provincia de Yucatán Francisco Ramírez Briceño y auspiciados por la herencia que había dejado el capitán Martín de Palomar quien había sido alcalde de Mérida y teniente de gobernador de Yucatán, muerto hacía poco en 1611, los franciscanos, encabezados por Tomás Domínguez, Francisco de Contreras, Melchor Maldonado y Pedro Menán, decidieron emprender la cristianización de los itzaes, pueblo maya que se había refugiado en el Petén sin estar sometidos a la corona española. Para ese propósito contaron con el apoyo del obispo de Yucatán, Gonzalo de Salazar y Ávila, pero el gobernador Briceño que se mostró muy reticente con el argumento de que no se contaba con la autorización real frenó el proyecto. A pesar de este obstáculo y con recursos muy limitados, emprendieron la tarea que se habían propuesto los religiosos dos de los franciscanos que fueron designados por sus compañeros, fray Juan de Orbita y fray Bartolomé de Fuensalida, encabezando este último la misión.
Habiendo salido de Mérida acompañados por algunos indígenas ya cristianizados como Cristóbal Na, quienes servirían además como intérpretes del grupo, partieron rumbo a Bacalar con la esperanza de alcanzar los reductos mayas en Tayasal, (Petén-Itzá) actualmente isla de Flores en Guatemala) y entrevistarse con el halach uinik maya Ah Kaan Ek.2
Después de muchas penurias pasadas a lo largo del difícil camino, en selvas inhóspitas, atravesando ríos caudalosos y extensos pantanos, llegaron los franciscanos a su destino contando con la venia del caudillo maya, quien había sido advertido de la llegada de los franciscanos. No eran los primeros europeos en llegar al lugar desde que en 1525 Hernán Cortés, en su viaje a las Hibueras (hoy Honduras), había tomado contacto con los itzaes precisamente en Tayasal.
A su paso Cortés había regalado a los itzaes un caballo que estaba herido. El caballo había muerto y los indígenas creyendo que el conquistador español los recriminaría a su regreso (que nunca ocurrió) habían erigido una estatua del equino a la que con el tiempo llegaron a adorar religiosamente. Cuando Orbita y Fuensalida llegaron a Tayasal, un siglo después de Cortés, y vieron los ritos paganos de los indígenas hacia esa imagen del caballo se horrorizaron y quisieron destruir la estatua para terminar con la veneración que los mayas profesaban hacia aquella estatua que les parecía diabólica. Diego López de Cogolludo relata el episodio de la llegada de los frailes franciscanos a Tayasal, inspirándose en el informe redactado por los dos religiosos:
"Pasados mas de ocho dias de detencion (que yá daba á los religiosos cuidado) volvió D. Gaspar Cetzal (que así se llamaba el que fue) acompañado de los capitanes Ah Cha Tappol y Ahau Puc, que habian ido al pueblo de Tepú, con algunos indios y cuatro canoas grandes que el Canek enviaba para que todos pasasen de un viaje. Con este buen avío se embarcaron muy alegres aquel dia despues de comer, y navegaron con buen tiempo la travesía de la laguna, que será como seis léguas. Los itzaes que estaban á la vista para reconocer cuando se acercaban, dieron aviso como iban los religiosos, y el Canek envió un yerno suyo con otros de su familia en dos canoas, que salieron mas de dos léguas, á saludarlos y recibirlos en su nombre. Trajéronles de la bebida que he dicho se llama zacá, con su espuma de cacao estimada entre ellos, que al fin (dice la relacion) aunque bárbaros tienen alguna urbanidad y gobierno político. Cuando llegaron al desembarcadero muy cercano al pueblo, estaba el mismo cacique Canek con sus principales y gran gentío que habían salido á recibirlos. Seria como á las diez de la noche, pero habia muchos hachones de tea encendidos, con que todo estaba muy claro y patente. Salidos á tierra, los recibió el Canek con muestras de amor y voluntad, y hospedó á los religiosos en una casa que les tenia hecha aunque no muy grande, cercana adonde el residia, distante como veinte pasos y bastante para lo que entonces necesitaban, dos barbacoas á su usanza por camas, y por allí cerca aposentaron á los demas."3
"En medio de uno de ellos habia un grande ídolo de figura de caballo, hecho de cal y canto. Estaba sentado en el suelo del templo sobre las ancas, encorvados los pies y levantado sobre las manos. Adorábanlo por dios de los truenos, llamándole Tzimin Chac, que quiere decir caballo del trueno ó rayo. La causa de tener este ídolo fue que como yá noté en el primer libro de estos escritos, cuando pasó D. Fernando Cortés por aquella tierra para el viaje de Honduras, les dejó un caballo que no pudo caminar adelante. Murióseles, y por temor de no poderle entregar vivo, si acaso volvia por allí y se le pedia, le hicieron aquella estatua, y comenzaron á tenerla con veneracion, para que por esto coligiese no haber sido culpables en la muerte del caballo. Como se le dejaron encomendado diciendo que volverian por él, entendiendo que era animal de razon, dábanle á comer gallinas y otras carnes: presentábanle ramilletes de flores como acostumbraban á las personas principales. Toda esta honra (que á su parecer le hacian) redundó en acarrearle la muerte al pobre caballo, que murió de hambre. Pusiéronle aquel nombre por haber visto que algunos de los españoles de aquel viaje disparaban sus arcabuces ó escopetas encima de los caballos cazando venados, y entendieron que estos animales eran causa del estruendo que hacian, que les pareció trueno, y la luz del fogon y humo de la pólvora, rayo. Con aquello tuvo motivo el demonio junto con la ceguedad de sus supersticiones, para que se fuese aumentando la veneracion de aquella estatua, y llegó á tanto que cuando allí estuvieron los religiosos era el principal ídolo que adoraban."3
"Luego que el padre Fr. Juan de Orbita le vió, dice su compañero el padre Fuensalida, que parece que descendió el espíritu del Señor en él, y que revestido de un fervoroso celo de la honra de Dios, cogiendo una piedra en la mano, subió sobre la estatua del caballo, y le hizo pedazos, desparramándolos por aquel suelo. Los indios que iban en su compañía, y eran muchos, viendo quebrantar su ídolo tan estimado de ellos, levantaron gran grita y vocería, diciendo unos á otros: matadlos, que han muerto á nuestro Dios: mueran en recompensa de la injuria que le han hecho, y esto con tan gran alboroto, que se conoció obrar nuestro Señor en que no lo ejecutasen luego, aunque dichosos (dice) fuéramos en morir allí por su santo amor. No turbó aquel rumor á los religiosos, que con grande ánimo y fortaleza de espíritu, puesta toda su confianza en Dios, y levantando el santo Crucifijo que llevaban en las manos, dijo á los indios el padre comisario: Sabed vosotros (o itzaes) que este ídolo que aqui adorais por vuestro dios, no lo es, sino una figura de béstia irracional, como son los venados y otros animales que flechais para comer. (…)" 3
La finalidad catequizadora y de sometimiento del viaje no se logró y los franciscanos fueron expulsados con violencia y con riesgo de su integridad física por los itzaes. Algunos miembros de la expedición, entre los cuales el maya Cristóbal Na, murieron como resultado del enfrentamiento. Orbita y Fuensalida debieron regresar con dificultad a su monasterio en Mérida, lo que lograron hacia noviembre de 1619.2
Al poco tiempo del retorno de los dos religiosos, en diciembre de 1619, falleció el gobernador Briceño dejando inconcluso su periodo administrativo.2 En 1629 falleció Juan de Orbita y el año de 1641, bajo los auspicios del provincial franciscano Antonio Ramírez, Fuensalida volvió a intentar la pacificación pero en esta ocasión no tuvo siquiera la posibilidad de llegar a Tayasal ya que fue interceptado en su camino por un grupo de itzaes, en el poblado de Hubelná, donde había sido recibido por el cacique, y obligado a regresar amenazado de muerte de continuar su camino. Después de este intento no sería sino hasta finales del siglo XVII cuando Martín de Urzúa fue autorizado por la Corona de España a emprender la conquista militar de los enclaves mayas en el Petén, cosa que logró finalmente para el imperio el año de 1697.
No hay comentarios:
Publicar un comentario