La estela de Luriezo es una estela cántabra discoidea de 136 centímetros de diámetro y 20 de grosor hallada en el pórtico de la iglesia de Luriezo (Cantabria, España). Está datada entre el siglo I a. C. y el siglo I d. C.
La estela destaca por indicar que dos hermanos, Ambatus y Doiderus, se la dedican a su padre Ambatus Pentoviecus, hijo de Pentovius, del clan de los Ambati. Esto ha sido argumento y objeto de estudio al tratar la sociedad cántabra, en especial la estructura familiar, al verse de qué manera se aplicaban los nombres (sistema equivalente al de nombre y apellidos de hoy). En ella, escrito en letras latinas de 11 cm de alto, pone lo siguiente:
MON AMBATI PENTOVIECI AMB ATIQ PENTOVI-F-ANN LX HOC MOM POS AMBA TUS ET DOIDERVS F SUI.
Esto, en castellano, vendría a ser lo siguiente:
Monumento de Ambato Pentovieco, de los Ambáticos, hijo de Pentovio, de 60 años. Sus hijos Ambato y Doidero pusieron este monumento.
En el muro del cementerio de este pueblo, situado junto a la iglesia, hay otro fragmento de una probable estela.
La estela de Zurita es una estela cántabra discoidea gigante hallada en Zurita (municipio de Piélagos, Cantabria). Es un disco de piedra arenisca labrada con bajorrelieves de 2 metros de diámetro. Es prerromana; está datada entre finales del siglo I a.C. y principios del siglo I d.C., no sabiéndose si se trata de un monumento genuinamente cántabro o de una Cantabria escasamente romanizada; en cualquier caso la factura es tosca y no presenta signos de romanización. Se ha relacionado constantemente con la religión de los antiguos cántabros, y ha servido de argumento para diversas hipótesis acerca de la existencia en Cantabria de diversas costumbres celtíberas o de formas similares de las mismas. Forma parte del escudo del municipio, aunque se sabe que fue transportada a Zurita desde otro lugar, probablemente desde el valle de Buelna, cuyas estelas gigantes presentan grandes similitudes con la de Zurita.
Actualmente es propiedad del Museo Regional de Prehistoria y Arqueología de Cantabria, con sede en Santander.
Uno de sus lados representa entre círculos concéntricos un caballo y dos guerreros armados que parecen estar cubiertos con pieles de animales. Tras estudiar detenidamente los detalles de esta escena, se cree que puede estar relacionada con la costumbre de algunos pueblos prerromanos que realizaban sacrificios de caballos a modo ritual. Tras realizar un calco de las extremidades inferiores del animal, se observó que parece tener atadas las patas entre sí, además situar los cascos de las mismas un poco por encima del suelo. Este dato unido a la posición de su cuello y cabeza, ligeramente echada hacia atrás, hacen pensar que el caballo intenta recular, circunstancia determinante para interpretar esta escena apoyada perfectamente en las fuentes clásicas. Según citaban Horacio (Carmina III, 4, 34) y Silio Itálico (Púnica III, 360) una de las tribus cántabras más conocidas, los concanos, se enfervorizaban al tomar sangre de caballo, dándoles vigorosidad y fuerza. Encontramos símiles de este tipo de muertes citadas por Estrabón (III, 3, 7) en los pueblos del norte de Lusitania y una curiosa cita según Plutarco (Plut. Quaest. Rom. 83) en la que hace referencia a que la paz entre los bletonenses se sellaba con la muerte de un hombre y un caballo. Curiosamente esta escena podría coincidir con el plano superior de la estela.
En un plano inferior se observa un guerrero muerto siendo devorado por un buitre. Esta última escena está asociada tanto al culto solar de tradición celta como al séquito de una deidad de la guerra, y se repite en otros monumentos, como en ciertas cerámicas de Numancia; en este caso representaría una costumbre prerromana por la cual se dejaban los cuerpos de los guerreros caídos en combate sin enterrar, como muestra de honor. De esa manera los buitres llevarían al hombre al Cielo. El otro lado, también entre círculos concéntricos contiene unos motivos geométricos de simbología astral, representando cuatro lunas crecientes. Probablemente se tratase del paraíso al cual llegaría el guerrero.
El Neptuno cántabro es una estatuilla prerromana encontrada en el término municipal de Castro-Urdiales (Cantabria), que muestra a una divinidad con un delfín sostenido sobre su mano izquierda, algo sobre la derecha, abierta y alzada, que no se ha encontrado (probablemente un tridente) y un collar de oro en forma de media luna cerrada. El dios es un hombre joven, desnudo, sin barba y con bastante cabello. La escultura mide 12,6 cm de altura y está realizada en bronce. Se data entre los siglos I y III de nuestra era.
Se cree que pertenece a los sámanos, un supuesto pueblo de cierto avance cultural, prerromano e indígena de Cantabria, descrito por Plinio el Viejo en su Historia Natural.
Descubrimiento[editar]
La escultura fue hallada en 1955 cerca de la cumbre del Monte Cueto, donde se enclava un castro de finales del Bronce o principios del Hierro. La estatuilla se presta a dos teorías: la primera dice que es romana y represente a un Neptuno, mientras que la segunda sugiere que se trata de una divinidad local identificada, sólo más tarde, con Neptuno, lo que vendría avalado por el descubrimiento de Portus Amanos. Por otro lado, los cántabros, afianzados a la tierra y a las montañas, apenas se adentraron en el mar, de modo que hay una gran falta de dioses y mitos relacionados con el océano, de los cuales el Neptuno cántabro es una gran excepción.
Diferencias con el Neptuno latino[editar]
La figura cántabra es joven, imberbe y con el cabello, aunque abundante, corto, mientras que las representaciones romanas presentan a un hombre de edad avanzada con cabello y barba largos. Estas diferencias sugieren una tercera teoría: que la estatua representa al dios Apolo, y no a Neptuno.
La Thoracata de Córdoba es una escultura de estilo romano actualmente expuesta en el Museo Arqueológico de Córdoba, que fue encontrada en la calle Morería de la ciudad de Córdoba, España, en lo que sería el forum novum de Corduba. Data del siglo I y está realizada en mármol blanco. Fue declarada Bien de Interés Cultural en 1993.
Historia[editar]
El contexto histórico de la obra estaría situado en el siglo I, cuando Corduba resurgió de nuevo como una gran ciudad, capital de la Bética, y el emperador Augusto le concedió el título de Colonia Patricia. A partir de ese momento se empiezan a monumentalizar la mayoría de espacios de la ciudad, exhibiendo el nuevo poder imperial recién impuesto. La ciudad, y por ende las murallas, se expande hacia el río y se crea el forum novum, que venía a reemplazar al existente foro colonial, donde habría estado ubicada dicha thorocata. Según algunas estimaciones, sin datos concluyentes, podría representar a Rómulo acudiendo al templo de Júpiter o a Eneas huyendo de Troya, ambos temas que vendrían a reivindicar la perpetuación de poder del nuevo emperador Augusto.1
La escultura fue encontrada por Cristóbal Pesquero en el año 1892 en el solar número 5 de la calle Morería, muy cercano a la plaza de las Tendillas, y donde se ubicaría el foro de la ciudad. A mediados del siglo XX, pasó a manos del coleccionista cordobés Enrique Tienda y, posteriormente, a las monjas de la congregación de la Santa Cruz. Finalmente, la Junta de Andalucía adquirió en 2006 esta obra, por un importe total de 273.082 euros y se expuso en el Museo Arqueológico de Córdoba a partir de 2008 tras un proceso de restauración.2
Descripción[editar]
Escultura colosal militar romana, ataviada con coraza. Conserva el torso hasta las rodillas, faltándole cabeza y brazos. Lleva el paludamentum o manto sujeto en el hombro derecho por medio de una fíbula, de manera que cae en pliegues sobre el pecho, cubriendo parte de la coraza y recogiéndose sobre el hombro contrario. La coraza se adorna con dos grifos afrontados, con alas, cuerpos felinos, largos cuellos y cabezas cornudas de rasgos leoninos, levantando una de las patas para tocar un nudo del vástago vegetal que sirve de eje de simetría.
El borde inferior de la coraza dibuja y sigue la línea del bajo vientre, describiendo una amplia curva en la que se desarrolla una palmeta hacia abajo y un par de hojas de acanto vistas de plano y cuyo periciclo coincide con el hoyo umbilical que hace de centro de la composición. De él brotan dos caulículos que se desenvuelven en roleos y decoran la parte baja de la lóriga, por ambos lados, y hacia arriba el vástago vertical que separa los grifos antes descritos.
Bajo la coraza aparece una túnica de pliegues menudos, ceñidos al cuerpo, semicirculares en la parte delantera y cayendo verticales a partir de los costados. La investigación la propone como una representación de Eneas en su huida de Troya, o una representación de Rómulo, a imagen de las representaciones del Foro de Augusto en Roma. Se adscribe a época Julio-Claudia (primera mitad del siglo I), relacionándose con el uso político de la imagen por parte del emperador Augusto. Se trata de una obra de gran calidad técnica y de importante significación para la Córdoba romana.

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