sábado, 17 de julio de 2021

HISTORIA DE ESPAÑA

SIGLO XIV EN ESPAÑA

García de Eugui fue un fraile agustino, obispo de Bayona, confesor de Carlos II, el Malo y cronista navarro fallecido hacia 1409, autor de una Crónica d'Espayña y de la Genealogía de los reyes de Navarra, redactada como apéndice de la anterior, que va a constituir el primer intento de presentar una historia independiente de Navarra.

Biografía[editar]

Sin más datos que el proporcionado por su nombre se presume que pudo nacer en Eugui, nombre que adoptó como apellido, escrito de formas diferentes: Eugí, Euguí, Enguí, Huguí, Hengy, y Henguy. Algunos autores le denominan frere Gracie, Menendo García, Menéndez García o Garsias Hengy o Henguy.1​ Consta que en 1358, siendo ya fraile agustino, recibió del infante don Luis, hermano del rey Carlos II de Navarra, una limosna para que pudiera estudiar en Castilla a donde volverá con cierta frecuencia, en alguna ocasión en misiones diplomáticas. En 1370 aparece documentado como prior de los agustinos de Pamplona y lector de teología en su colegio, a la vez que sirviendo al rey Carlos II en Normandía. Cinco años después, como compaignon y confesor del rey, se le otorgó una pensión anual de 30 francos de oro.23

Eugui jugó un importante papel en la conspiración urdida por Navarra para apoderarse de Logroño en 1378, entregando en mano al adelantado Pedro Manrique los 20.000 florines a cambio de los cuales había de entregar la ciudad. Alertados los castellanos por Carlos V de Francia, rival de Carlos II, las tropas navarras que se disponían a tomar la ciudad fueron masacradas y el ejército castellano entró en Navarra sin serias dificultades. La invasión concluyó con el tratado de Briones, por el que el ejército castellano se asentaba en algunos de los principales castillos navarros, ejerciendo su control sobre buena parte de la merindad de Estella, en tanto Navarra debía romper su alianza militar con Inglaterra y adherirse al papado cismático de Aviñón. Eugui no se vio afectado por este fracaso ni perdió la confianza de Carlos II, que en años sucesivos le encomendó nuevas misiones en Castilla recompensadas con diversas mercedes y la concesión de los diezmos de Echarri Aranaz en sustitución de la pensión que venía percibiendo.4

Por mediación de Carlos II, fue nombrado en 1385 obispo de Bayona por Clemente VII, aunque nunca llegaría a tomar posesión de la sede, controlada por los ingleses, partidarios de Roma, debiéndose conformar con administrar su reducida diócesis desde San Juan Pie de Puerto al tiempo que proseguía con sus funciones de confesor y consejero en la corte.5​ El mismo año viajó a Castilla donde el infante Carlos, heredero de la corona de Navarra y decidido partidario del papado de Aviñón y de la alianza con Francia, negociaba con Juan I de Castilla el tratado de El Espinar, por el que Navarra vería mejoradas las condiciones impuestas en el tratado de Briones a cambio de que Carlos II pusiera fin a la neutralidad que venía manteniendo en la disputa cismática.6

Como invitado a la mesa del rey asistió en 1386 a la firma del tratado de Estella, con la cuestión del reconocimiento del papa de Aviñón todavía pendiente. Un año después murió Carlos II y Eugui fue designado ejecutor testamentario (albacea) y regidor del reino junto con Carlos de Beaumont, cargo que desempeñó durante tres semanas, hasta el regreso de Carlos III desde Castilla.7​ Eugui continuó ejerciendo el cargo de confesor con el nuevo rey, que en 1388 le confirmó vitaliciamente los diezmos de Echarri.8​ Su actividad en la corte, sin embargo, parece haberse visto drásticamente reducida hasta 1398, cuando con ocasión del nacimiento del infante Carlos, prematuramente fallecido, los documentos lo mencionan en la relación de sus tutores. Todavía en 1405, como obispo de Bayona, presidió los esponsales en Olite de Juana, heredera del trono navarro, y el primogénito del conde de Foix. Debió de morir, en fecha ignorada, poco más tarde, pues en 1409 ya se había designado un nuevo obispo de Bayona.9

Obra[editar]

Aunque existen dudas acerca del grado de su implicación personal en la redacción, García de Eugui aparece asociado a la composición de la Crónica d’Espayña o «canónicas (…) delos fechos que fueron fechos antigament en España», en cuyas líneas iniciales se declara que dichas canónicas «fizo escribir el reverent en Ihesu Xristo padre don fray Garçia de Eugui, obispo de Bayona». La crónica fue compuesta alrededor de 1387, año de la muerte del rey Carlos II de Navarra, que es la última fecha recogida en el manuscrito, aunque su redacción pudo iniciarse algo antes, habida cuenta de la escasa información que contiene acerca de los últimos años de este monarca.

La crónica comienza con el esquema tradicional de las seis edades del mundo, interpolando fuentes bíblicas con el relato de las vidas de HérculesEspan y Dido entre otros en su dimensión hispánica. La historia romana ocupa cerca de la mitad de la crónica, con especial atención a la tercera guerra púnica y la guerra civil entre Julio César y Pompeyo. El período visigótico se aborda con fuentes diversas, lo que provoca un salto de un siglo y la incorporación de reyes visigodos, entre ellos un Wamba segundo, que no aparecen en las crónicas castellanas. Tras la muerte de Rodrigo, con un planteamiento también original y basado en fuentes desconocidas,,10​ como también la blasfemia atribuida al rey Alfonso X de Castilla11​ Eugui dedica un pequeño capítulo a tratar «delos peccados delos godos por que fueron destruidos», seguido de una isidoriana alabanza «delos bienes d'Espayña», «tierra que Dios bendixo & a quien dio sus donos»,12​ y de otra breve sección dedicada a los «males que sufrió Espayña» gobernada por «linage ageno» tras la conquista mahometana.13​ La crónica sigue con el relato ordenado por reinados de los reyes de Asturias primero y luego de Castilla y León, hasta llegar al reinado de Alfonso XI de Castilla, concluyendo con la Genealogía de los Reyes de Navarra de Íñigo Arista a Carlos II, en un esfuerzo consciente por crear una historia de Navarra diferenciada, aunque poco original en su información.14

Es precisamente esta parte, a pesar de su brevedad —ocho folios en el manuscrito más primitivo y completo de la Crónica— la que despertó un mayor interés, conservándose con adiciones e independizada de la crónica general en nueve manuscritos por solo dos copias subsistentes del manuscrito completo, una en la Biblioteca de El Escorial, de principios del siglo XV, y otra algo posterior en la Biblioteca Nacional de España, con menos errores de transcripción que la primera pero más castellanizada en su vocabulario, prescindiendo de algunos rasgos lingüísticos navarros presentes en el ejemplar de El Escorial.1516

Las fuentes principales para Eugui son la Estoria de España alfonsí y el De rebus Hispaniae del navarro Rodrigo Jiménez de Rada, si bien no en su versión original latina sino en la traducción del siglo XIII conocida como Estoria de los godos. Entre las fuentes secundarias, alguna desconocida, puede destacarse el Libro de las generaciones, probablemente tanto en su versión original en aragonés como en su traslación castellana, valiéndose de ella especialmente para la sección final junto con las dos fuentes principales.17​ Según Lazcano, la Crónica d'Espanyña «resulta imprescindible para el establecimiento de la tradición historiográfica medieval navarra».




Juan Rodríguez de Cuenca, fue un historiador español del siglo XIV-XV.

Biografía[editar]

Se conoce poco sobre su vida, solamente lo que se deduce de su obra única, el Sumario de los reyes de España, que le atribuye el marqués de Mondéjar en sus Memorias de don Alfonso el Sabio. Acaso por su apellido, era natural de Cuenca. Sirvió a Enrique III y fue despensero mayor de la reina doña Leonor, mujer de Juan I de Castilla; compuso su obra a fines del siglo XIV. Eugenio de Llaguno Amirola editó la obra en 1781. Entre sus fuentes destacan las refundiciones alfonsinas, en especial una que utilizaba la Crónica de 1344. Empieza con el hecho de don Pelayo en Covadonga y termina con el rey Enrique III el Doliente, de quien sólo hace un breve elogio. Las noticias son en general ligeras, salvo en los reyes que estima particularmente, como son FruelaAlfonso el Casto y Ramiro I entre los reyes de Asturias, y Fernando el MayorSancho el FuerteAlfonso VII y Fernando III el Santo entre los castellanos, despojando de su importancia actual a monarcas como Alfonso XSancho IV y Alfonso XI, sin duda porque en sus corónicas especiales "estaban contados por menudo los grandes fechos e cosas quellos fezieron". Pese a su mortificante brevedad, no deja de incluir materiales nuevos, como el razonamiento que hizo Ramiro I en la última hora a su hijo Ordoño I, pasaje en que brilla el espíritu didáctico que animaba a las letras castellanas; la querella de Fernando el Mayor contra el Pontífice y el Emperador, que intentaba someter a tributo el nuevo reino de Castilla, punto en que se reflejan con notable energía las creencias populares y las tradiciones consignadas en los poemas o cantares del Cid; la partición del reino por el mismo soberano, hecha a instancias y por mandato de San Isidoro, quien se le aparece en sueños; el asesinato de don Sancho ante los muros de Zamora, pintado ya con el colorido de los romances; el juicio, fallo y escarmiento hecho por Alfonso VII en la persona de un infanzón gallego que había vejado a un labrador, rasgo característico del poder de los monarcas de Castilla en toda la Edad Media y otros acaecimientos de igual naturaleza, más o menos confirmados por los cronistas e historiadores. Según José Amador de los Ríos,

El lenguaje es generalmente sencillo, pero aun cuando despojado de ociosos adornos, carece del nervio y brillo que caracteriza a la mayor parte de los cronistas de reinados particulares o la severidad que imprime su coetáneo Ayala a la narración, inclinándose con harta frecuencia más al panegírico que al juicio histórico.

Obras[editar]

  • Sumario de los reyes de España por el despensero mayor de la reina Doña Leonor mujer del rey Don Juan el Primero de Castilla, con las alteraciones y adiciones que posteriormente le hizo un anónimo Valencia: [Imp. Anubar], 1971; edición facsímil de la versión de Llaguno.







Johan de Barbastro fue un traductor, calígrafo y miniaturista aragonés de la Cancillería Real aragonesa en Barcelona al servicio del rey Pedro IV de Aragón "el Ceremonioso" entre los años 1370 y 1386.

Obra[editar]

  • Traducción al aragonés de la Suma Istoriarum (Historie ancienne) (traducido como Suma de las Istorias del mundo). La traducción fue encargada el 1371 por el rey Pedro IV de Aragón "el Ceremonioso". El 16 de mayo del 1370, le llegó al rey la crónica de Morea enviada por don Juan Fernández de Heredia, Maestre de la Orden del Hospital«las istorias en frances que nos enviastes por Jayme Mestros (...) e nos ...facemos la dita suma de istorias transladar en aragones, e enviarvos hemos el dito translado logo que sea fecho». La traducción se finalizó el 10 de febrero del 1372.
  • Copia del Libro de los hechos, conocida hoy en día con la sigla C, que fue encargada el 1380 por el rey Pedro IV de Aragón "el Ceremonioso". En el colofón de la obra dejó escrito: «Mandato serenissimi dominio petri dei gratir regis Aragonum valentiae, Majoricarum, cardinieae te Corsicae, Comitisque Barchinonae, Rossilionis et Ceritaniae [...] Ego Iohannes de Barbastro de scribania predicti dominio Regios Aragonum, oriundus Cesaraugustae scripsi Ciuitate Barchinonae Anno a Nativitate Dmi. Mo. CCCo. octuagesimo scripsi».
  • Copia de las Ordinacions fetes por lo Senyor en Pere terç rey dArago






Fray Ambrosio Montesino o de Montesinos (Hueteprovincia de Cuenca, ¿1444?-29 de enero de 1514) fue un clérigopoeta y traductor castellano del Renacimiento.

Portada de Vita Christi, traducida al castellano por fray Ambrosio Montesino, Alcalá de Henares, 1502. Biblioteca Nacional de España. La xilografía muestra en la parte superior a los Reyes Católicos recibiendo un ejemplar de la obra de manos de un franciscano y en la inferior el escudo real con una cinta en la que se lee el título y nombre del traductor, fray Ambrosio.

Biografía[editar]

Era hijo del escribano de cámara Pedro del Monte, regidor de la ciudad de Huete por su estado noble y de Blanca Rodríguez de Ayllón, natural también de la misma ciudad; ambos tenían parientes judaicos procesados por la Inquisición de Cuenca, pero también una casa solariega, ya desaparecida, del apellido Montesino frente al monasterio de Santo Domingo; su blasón era una flor de lis o azucena sobre una jarra.

Ingresó en la orden de franciscanos menores y fue fraile en San Juan de los Reyes de Toledo. Llamó la atención de su compañero de orden el cardenal Cisneros y en 1492 estaba ya en la Corte de los Reyes Católicos, quizá como confesor real y en todo caso actuando como obispo auxiliar del Cardenal; en 1504 participó en la creación de un convento femenino concepcionista en Cuenca y el 30 de agosto de 1512 fue nombrado obispo in partibus infidelium de Sarda (Albania), título meramente honorífico que le confirió el Cardenal Cisneros por sus servicios. Murió siendo obispo electo de Málaga y sus restos fueron enviados a la capilla familiar levantada por su abuelo materno en el monasterio franciscano de Huete, hoy ya desaparecido.1

Marcelino Menéndez Pelayo lo tenía por uno de los mejores prosistas de su tiempo, pero fue más conocido como poeta. Era considerado popularmente como el villanciquero de Isabel la Católica y editó un Cancionero (Toledo, 1508) que gozó de gran popularidad, como demuestran las muchas reimpresiones que se sucedieron a lo largo del siglo XVI.

Obra[editar]

Es el único, entre los poetas religiosos de la corte de los Reyes Católicos, que no prestó servidumbre a la influencia italiana, mostrándose en eso seguidor del punto de vista de Cristóbal de Castillejo. Su calidad poética se encuentra muy relacionada con la tradicional poesía popular castellana, cuyo suelto octosílabo hace suyo vertiéndolo a lo divino mediante el procedimiento del contrafactum. Son frecuentes sin embargo sus descuidos métricos (quizá por la asimilación de la irregularidad métrica habitual en la poesía tradicional) y existe una inclinación cultista en su lenguaje que no logra disimular el esencial popularismo de su poesía piadosa, teológica y moral, recogida en Cancionero de diversas obras de nuevo trovadas (Toledo, 1508); estos versos siguieron también el modelo del beato franciscano Jacopone da Todi en sus Cánticos espirituales.

Merecen citarse, entre otras composiciones, "Coplas de Nuestra Señora reina del Cielo", "In Nativitate Christi" (que, por su forma dialogada y por su tono viene a ser un auto de Nacimiento), "Romance en honra y gloria de San Francisco", "Coplas del Nacimiento", "Coplas del destierro de Nuestro Señor", "Tratado del Santissimo Sacramento", "Al destierro de nuestro Señor para Egipto" y "Coplas al árbol de la Cruz". Un carácter algo misógino tiene su Doctrina y reprehensión de las mujeres, un cierto antecedente de La perfecta casada de fray Luis de León.

Por orden de la propia reina Isabel la Católica tradujo del latín la Vita Christi del cartujo Ludolfo de Sajonia durante los años 1499 a 1501, parando sucesivamente en Cifuentes (Guadalajara), en Granada y en su Huete natal; la obra terminó impresa por Estanislao Polono en Alcalá de Henares repartida en cuatro volúmenes entre 1502 y 1503. Se trata de una refundición en uno de los cuatro Evangelios; siempre respetuoso, Montesino destacó con caracteres especiales y más gruesos los pasajes que provenían directamente de los textos sagrados. Se ha sugerido que utilizó la versión catalana de Joan Ruiz de Corella (1500). Relacionado con esos trabajos está también que corrigiera y limara, a petición del rey Fernando el Católico, una traducción de los Evangelios y de las Epístolas del Nuevo Testamento a partir de la obra de Gonzalo García de Santa María Evangelios e epístolas siquier liciones de los domingos e fiestas solemnes de todo el anyo, Zaragoza, Pablo Hurus, 1484. Fue publicada con el título de Epístolas y evangelios por todo el año, con sus dotrinas y sermones (Toledo, 1512) y se reimprimió muchas veces hasta el año 1559, fecha en la que el Index librorum prohibitorum del Papa prohibió toda traducción de la Escritura en lengua autóctona. Otra traducción suya fue la de las Meditationes y los Soliloquia de San Agustín, que ha sido publicada modernamente (Meditaciones y soliloquios, Madrid, 1958). Se le atribuyen también unos comentarios bíblicos (Postillae, Toledo, 1512; Antwerp, 1544; Barcelona, R. Vallezilla, 1502/1608; Madrid, 1608/1614 etc.) y un Breviario de la Immaculada Concepción de la Virgen nuestra Señora (Toledo, 1508).





Guillem Nicolau fue un humanista y traductor aragonés que vivió en el siglo XIV.

Biografía[editar]

Fue capellán en la corte del rey Pero IV el Ceremonioso y de Juan I de Aragón, y ayudante de escribanía en la cancillería. Posteriormente se estableció en Maella, en donde sería rector en 1387.1

Tradujo obras del latín al catalán y viceversa. Se destacan las Heroidas de Ovidio, en cuya traducción incluye glosas a modo de introducción.

 

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