miércoles, 7 de julio de 2021

HISTORIA DE ESPAÑA

 SIGLO XIV EN ESPAÑA

La batalla naval de Barcelona de 1359 fue uno de los episodios de la Guerra de los Dos Pedros.

Antecedentes[editar]

La Guerra de los Dos Pedros, causada por las pretensiones del monarca castellano sobre las tierras del sur del Reino de Valencia (incluyendo MurciaElcheAlicante y Orihuela) estalló por un episodio en que nueve galeras aragonesas, armadas por Micer Francesc de Perellós con licencia de Pedro IV de Aragón, que iban en auxilio del Reino de Francia contra el Reino de Inglaterra, llegaron a Sanlúcar de Barrameda en busca de vituallas capturaron en aquellas aguas dos barcos de la República de Génova, con la que estaban en guerra. Pedro I de Castilla, que se encontraba en el mencionado puerto, requirió a Perellós que abandonara su presa, y como este no lo hizo se quejó a Pedro IV de Aragón, conocido como Pedro el ceremonioso, quien tampoco le hizo caso. De este modo, persiguió a Perellós con algunas galeras castellanas hasta Tavira no pudiendo atraparlo, y como venganza hizo quemar las mercancías de los aragoneses en Sevilla.1

El rey de Castilla preparó una flota en Sevilla en la que el mismo rey Pedro I embarcó, con la intención de destruir el poder marítimo del rey aragonés.2​ Para poder enfrentarse con la armada aragonesa, los castellanos requirieron el apoyo del sarraceno Reino de Granada, y de la República de Génova.3​ La flota, comandada por el almirante Egidio Boccanegra, hermano del dux Simone Boccanegra, y con los capitanes castellanos García Álvarez de Toledo, Jaime García de Padilla y Pero López de Ayala se reunió en Cartagena donde el rey castellano esperó las naves del Reino de Portugal que no llegaron, y entretanto envió siete galeras a capturar las nueve galeras aragonesas, pero solo pudo apresarse una carraca veneciana en Mallorca.

Pedro IV de Aragón, que sabía de los preparativos de la flota castellana, hizo reforzar las defensas costeras y ordenó que los barcos no salieran de puerto para no ser capturados, y pensando que el objetivo del rey Catellano era desembarcar en Mallorca, organizó una armada de cuarenta galeras.

Pedro I de Castilla desembarcó el 4 de junio en Guardamar, que fue tomada.4​ La flota desembarcó en la ciudad de Valencia, defendida por Ramón Berenguer I de Ampurias, pero la guarnición se defendió sin salir de la ciudad para presentar batalla. Los asaltantes reembarcaron zarpando hacia el norte para atacar las costas más arriba del Ebro. En la embocadura de este río se les unió la flota del portugués de Lanzarote Pezana, y en Tortosa les esperaba el cardenal Guy de Boulogne, legado apostólico para los reinos españoles, enviado por Inocencio VI para convencerlos de la necesidad de llegar a un acuerdo pacífico.

La batalla[editar]

La flota castellana se presentó en Barcelona el 9 de junio5​ de 1359 capitaneada por el almirante Egidio Boccanegra, proveniente de Sevilla, de donde había zarpado el mes de abril y a la que se incorporaron tres naves del Reino de Granada y una carraca veneciana que iban armadas con brigolas.6

La defensa aragonesa se tuvo que improvisar y la lideró Bernat III de Cabrera y Hug II de Cardona y los capitanes Bernat y Gilabert de Cruïlles, Bernat Margarit y Pere Asbert, con el mando del rey aragonés sobre una nave enorme en medio de la línea. La flota de diez galeras y otros barcos pequeños, donde estaban situados los ballesteros llegados de los pueblos del Llano de Barcelona y del Vallès, y comandados por Ramón de Pujol, Ramon y Bernat Planella, Bernat de Perapetusa, Ramón Berenguer de Vilafranca y Humbert de Ballestar se situó a lo largo de la playa, cubierta por un banco de arena conocido como «Las tareas», justo ante el convento de san Nicolás de Bari hasta la calle de Regomir. La línea de defensa se situó de forma que las cuatro brigolas de la costa tenían al alcance las naves atacantes, protegidas por los ballesteros, y la coronela, organizada por gremios.

Las tropas de Pedro IV de Aragón dispararon una bombarda de las que había montadas sobre las galeras aragonesas, inutilizando una de las galeras atacantes, destruyendo sus castillos y el palo mayor, mientras los atacantes tiraban piedras con las brigolas que caían sobre la playa causando mofa por parte de los barceloneses. Finalmente, los castellanos tuvieron que huir.

...e la nostra nau desparà una bombarda e ferí en lo castell de la nau de Castella...
Cròniques dels reis d'Aragó e comtes de Barcelona

Consecuencias[editar]

Los castellanos se dividieron en dos grupos y desembarcaron en la boca del Llobregat para proveerse de agua dulce, y tuvieron que enfrentarse a una partida de hombres que se les acercó desde San Baudilio de Llobregat y Barcelona.

Una vez hecha la provisión de agua, la flota castellana, bajando hasta Tortosa, se dirigió el 11 de junio a la isla de Ibiza con intención de conquistarla, hasta donde les persiguió una armada de cuarenta galeras catalanas7​ venidas desde Colliure que se habían concentrado en Mallorca. La flota castellana huyó hacia Alicante, donde la Orden de Montesa les hizo frente. Tuvieron que reembarcar dirigiéndose a Calpe mientras sus perseguidores fondeaban en Denia, y finalmente Pedro I de Castilla y Egidio Boccanegra se dirigieron a Cartagena, sin encontrar oposición.8

En Cartagena los portugueses se despidieron, y Pedro I de Castilla desembarcó, dirigiéndose por tierra a Tordesillas mientras las naves castellanas volvían a Sevilla.






Las Cortes Catalanas celebradas entre 1358 y 1359, bajo el reinado de Pedro IV de Aragón, fueron frecuentes coincidiendo con la conocida como guerra de los dos Pedros contra Castilla. Tuvieron como escenario: BarcelonaVillafranca del Panadés y Cervera.

De este periodo, la convocatoria más significativa es la de Cervera en 1359. El rey pidió una aportación económica a la guerra mucho más importante que otras veces, motivo por el cual hubo de ceder más facultados en las Cortes, y estos dieron un paso decisivo para la creación de la Generalidad de Cataluña.

La Corte reunida en Cervera en 1359 nombró los siguientes diputados:

Brazo eclesiástico: Berenguer de Cruïlles (obispo de Gerona), Pere Arnau de Parestortes (prior de Cataluña de la Orden del Hospital), Romeu Sescomes (cofrade de Tarragona) y Arnau de Busquets (doctor en decretos y canónigo de Barcelona).
Brazo Militar: Bernat de Cabrera (conde de Osona, caballero), Hug de Cardona (vizconde de Cardona, doncel), Ponç de Altarriba (caballero) y Ramon de Peguera (doncel).
Como administradores del Brazo Real, fueron nombrados: Pere Desplà (ciudadano de Barcelona), Pere de Carcassona (ciudadano de Lérida), Francesc Pavia (ciudadano de Gerona) y Pere Borró (burgués de Perpiñán).
Se nombraron también cuatro Consejeros de los diputados por brazo:
Brazo eclesiástico: Pere de Clasquerí (arzobispo de Tarragona), Hug Desbac (obispo de Urgell), Guillem Arnau de Patau (decano de Urgell) y Galcerà de Montcorb (oficial de Gerona).
Brazo Militar: Bernat de Cabrera (caballero, padre del Conde de Osona), Ramon de Anglesola (señor de Bellpuig, caballero), Berenguer Despujol (caballero) y Ramon Arnau Sacinera (caballero).
Brazo Real: Romeu de Busquets (ciudadano de Barcelona), Pere de Muntanyana (ciudadano de Lérida), Arnau de Messina de la villa de Cervera y Valentí Sapera de Villafranca del Panadés.

Se produjo la reglamentación de las funciones de los diputados como encargados de las Cortes de recoger las aportaciones concedidas por los tres brazos al rey, actuando de forma independiente del monarca. La delegación era tal, que sus decisiones tenían el mismo valor que las adoptadas por las Cortes, competencia fundamental para tomar decisiones rápidas en un contexto bélico continuo.

Con todo, no se pensó en crear una institución permanente, como lo demostró el hecho de que se ordenase quemar las cuentas y escrituras una vez acabada su tarea. La configuración como institución permanente no se produjo hasta las Cortes de Monzón (1362).

Esta regulación se concretó en la designación por las Cortes de doce diputados con atribuciones ya ejecutivas en materia fiscal y unos "oyentes de cuentas" que controlaron la administración bajo la autoridad de quien se ha considerado el primer diputado eclesiástico de la Diputación de la Generalidad de CataluñaBerenguer de Cruïllesobispo de Gerona (1359).






El sínodo de Castiefabib fue una asamblea de clérigos que se realizó a mediados del siglo XIV (1358) en la villa de Castielfabibprovincia de Valencia (Comunidad ValencianaEspaña)

Vista parcial (suroriental) de Castielfabib, desde la «Vega Zaragoza» (2016)

Convocado por el obispo Elías de Perigueux, primer prelado segorbino elegido directamente por un Papa -Inocencio VI-: se celebró en la primavera de 1358, entre el 23 y el 28 de mayo.










Contexto histórico[editar]

El nombramiento de Elías de Perigueux por el Papa Inocencio VI tuvo lugar en abril de 1357.5

Hasta ese momento, los pontífices solo usaban de su derecho a nombrar obispos en circunstancias especiales. Según razona Aguilar (1880), lo que llevó a los pontífices a reservarse el derecho de nombrar prelados fue «la secularización de los cabildos catedrales, la influencia que en ellos ejercían los reyes y magnates, y los conflictos que de ahí nacían».6

El nuevo obispo procedía de la corte pontificia de Aviñón y en cuanto tomó posesión de la silla de Segorbe se puso a trabajar:

«[...], trabajó con tanto celo por la diócesis, que sacó en el mismo año ejecutorias de sentencias dictadas en su favor, y se vino á Segorbe para ponerlas en planta. Restableció el antiguo arcedianato de Alpuente, cuyos frutos todavía se llevaba Valencia; puso en Alcublas un vicario para comodidad de los vecinos, hasta entonces obligados á acudir á Altura, dotándolo con la renta de nueve cahices de trigo, cuatro tomados de la primicia de Altura y cinco pagados por los alcublanos; y fundó en nuestra catedral el oficio de arcipreste, dotándolo con parte de las primicias recobradas de Altura».7
Noticias de Segorbe y de su obispado por un sacerdote de la diócesis , Francisco de Asís Aguilar

Al año siguiente de su nombramiento convocó Sínodo diocesano en Castielfabib, villa situada en el pre-Rincón de Ademuz, punto de confluencia de la doble diócesis. Se desconoce el motivo por el que eligió esta localidad, pero no parece resultar casual que se produjera en un breve periodo de paz que hubo en la primera fase de las Guerras castellano-aragonesas (1356-1361):

«Quizás aprovechando este intervalo bélico, el clérigo francés no quiso “beneficiar” a ninguna sede, escogiendo un lugar intermedio. A la vez, era una forma de mostrar la jurisdicción y autoridad de la iglesia de Segorbe sobre la actual comarca de los Serranos que, desde 1347 a 1351, la Santa Sede le había otorgado, pero que el prelado valentino había retenido hasta 1355 una parte de las poblaciones, no devolviendo la totalidad hasta 1360».3
La diócesis de Segorbe-Albarracín, Helios Borja Cortijo

En los años previos a las primeras hostilidades entre Aragón y Castilla se realizaron ciertas obras en el castillo de Castielfabib (1349-1352); del volumen de las actuaciones cabe deducir que la fortaleza se hallaba muy deteriorada, al menos en algunas de sus partes. Asimismo, sabemos que en aquel momento histórico el alcaide del castillo de Castielfabib era Pedro López Despejo, al que con fecha 16 de febrero de 1358 se le asignan mil sueldos por la tenencia del castillo en la guerra con Castilla.4

La diócesis de Albarracín y Segorbe -Segobricensis et Sanctae Mariae de Albarrazino-, unida desde 1259, por bula de Alejandro IV (1254-61), contaba con dos templos catedralicios, pudiendo sus canónigos y prelado residir indistintamente en una u otra ciudad, aunque constituyendo un solo capítulo y con las mismas obligaciones y derechos.8​-4​ Respecto del momento histórico, se produjo en el intervalo de una pequeña tregua que se dio al comienzo de las disputas entre Aragón y Castilla, la denominada Guerra de los Dos Pedros (1356-1369): contencioso entre reinos que se desarrolló en varias fases, inscritas en otros conflictos contemporáneos más amplios.9​-4

Historia[editar]

El objetivo de los sínodos episcopales era «asentar los principios jurídicos de la organización eclesiástica, para otorgar normas contra los errores procedentes de las comunidades judía y musulmana, y para instrucción del clero siguiendo las orientaciones pastorales».10​-4

El primer sínodo de la diócesis de Albarracín y Segorbe tuvo lugar en Albarracín -el 13 de abril de 1320-, y fue convocado por el obispo fray Sancho d`Ull (1319-1356). Su interés radica en que apenas hacía unos meses que Segorbe había pasado a depender de Zaragoza, elevada a metropolitana en julio de 1319. El segundo sínodo fue convocado por el mismo obispo en Segorbe –el 18 de octubre de 1323-: su contenido capitular es similar al primero -lo que evidencia su incumplimiento-; se refiere a la «reforma de la disciplina eclesiástica y la corrección de los fieles». El tercero es el Sínodo de Castielfabib, convocado por Elías de Perigueux: su contenido se refiere a «revalorizar las primitivas (Constituciones), mejorar la administración diocesana y dar mayor esplendor al culto catedralicio»; de facto, sus «nueve constituciones [...] reúnen las de los anteriores sínodos», reincidiendo «en la disciplina eclesiástica» y prohibiendo «prácticas religiosas musulmanas en las iglesias».10​-4

Una de las particularidades de este sínodo diocesano es que se desarrolló a lo largo de cinco días (entre el 23 y el 28 de mayo), cuando lo habitual hasta entonces era que se resolvieran en una jornada -tiempo a todas luces insuficiente para tratar en profundidad y con detalle de los asuntos de la diócesis-; del hecho de que durase tantos días se deduce que el prelado «se tomó muy en serio su labor de renovación».11

El sínodo incluye nueve constituciones, «que reúnen las de los anteriores sínodos, reincide en la disciplina eclesiástica y prohíbe prácticas religiosas musulmanas en las iglesias».11​ Los capítulos (I y II) del «Sínodo de Castielfabib» que el historiador eclesiástico Villanueva considera «dignos de referirse á la letra» dicen del aseo, el vestido y otras cuestiones relativas a la disciplina del clero, entendiendo que quizá andaba relajada:

«De cetero, dice, omnes clerici in sacris ordinibus constituti, et alii beneficiati nostrae dioc. deferanti in Ecclesiis al mutias, vel birreta sine capucio: et cum dicent missas altas habeant clericum cum superpelliceo: et quolibet mense adminus barbam radant. Nullus clericus seu beneficiatus portet ultra unum palmum cugulae in caputio.».5
Viage literario a las iglesias de España, Joaquín Lorenzo Villanueva

Respecto a la disciplina eclesiástica, refiere que «los eclesiásticos se rasurasen la barba al menos cada mes (quolibet mense ad minus barbam radant)» –ello induce a pensar que los clérigos descuidaban el aseo personal-; y a ciertas normas de vestimenta, como «que en la iglesia llevasen birrete y no capuz en la cabeza, y que la capuza no pasase de un palmo (nullus clericus seu beneficiatus porten ultra unum palmum cugulae in caputio)»; y que en las misas altas (cantadas) los celebrantes fueran ayudados por un clérigo con roquete. Parecen normas de poca enjundia, pero colaboraban en el bien parecer y la uniformidad de la liturgia. Asimismo se insistía en la obligatoriedad de ciertos cumplimientos canónicos, como que los clérigos debían leer diariamente el Breviario, que debía ser de propiedad personal de cada uno, hasta el punto de ordenar «que ningún clérigo sea promovido ad sacros ordines si no posee un breviario pergaminei vel papirii» –disposición séptima del «Sínodo de Castielfabib»-.12​-13​-4

Respecto a las prácticas religiosas musulmanas en las iglesias, destaca una disposición –sexta del Sínodo-, ordenando a los párrocos, vicarios y curados «que si en las propias iglesias los musulmanes aclamaban en voz alta la çala (sic) o el pérfido nombre de Mahoma, que lo denuncien públicamente al bayle o al alcalde correspondiente», lo que demuestra «la pervivencia de los cultos, rituales y oraciones de la población musulmana en las nuevas iglesias»13​ –nuevas iglesias o quizá antiguas mezquitas reconvertidas en iglesias cristianas, a las que asistirían los musulmanes recientemente convertidos. Pues resulta evidente que había muchos moriscos o cristianos nuevos, los cuales se hallaban todavía apegados a sus ritos y tradiciones, hasta el punto de ser uno de los motivos que figura en el argumentario de Felipe II para solicitar al Papa la separación de ambas diócesis –hecho que tuvo lugar en 1577-: «para cuya formación religiosa y afianzamiento en la fe cristiana se requeriría la presencia de un prelado que pudiera visitar las parroquias con más frecuencia».14​-15​-16​-4

Cabe destacar la creación de cuatro nuevas canonjías, «con lo que el cabildo de cada una de las catedrales –Albarracín y Segorbe- quedó constituido por cinco dignidades y cuatro canónigos»: la existencia del canónigo «obrero» se ha visto como una muestra de que se pensaban realizar obras importantes en ambas catedrales «aunque fue Segorbe quien, en este momento y a lo largo de la segunda mitad del siglo XIV se adelantó a Albarracín».14​-15​-16​-4

Finalmente, respecto a la creación del oficio de «enfermero» y «sochantre», el primero encargado del mantenimiento y reparación de los objetos litúrgicos, campanas incluidas, y el segundo del coro, de gran importancia en la liturgia catedralicia; del «limosnero», encargado de todo lo relativo a las obras de caridad y hospitales y del «escolastre», responsable de la enseñanza.17​-4

El siguiente sínodo diocesano tuvo lugar en Segorbe -el 21 de mayo de 1367-, pontificando Juan de Barcelona.

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