sábado, 8 de julio de 2023

HISTORIA DE ESPAÑA

 IGLESIAS DE ESPAÑA

Santa María de Melque es un complejo monástico visigodo que se encuentra en el término municipal de San Martín de Montalbán, en la provincia de Toledo (España). Se localiza a 30 km al sur de la capital provincial, equidistante de las localidades de La Puebla de Montalbán y Gálvez, entre el arroyo Ripas y el río Torcón, que es un afluente de la margen izquierda del río Tajo.

En la actualidad pueden visitarse la iglesia, que ocupa el centro del complejo, y el centro de interpretación que se ha instalado en las dependencias anejas, también restauradas. El paisaje que se observa desde Santa María es también característico de la zona.

Historia[editar]

Planta de la iglesia

Santa María de Melque nació como conjunto monástico en los siglos vii y viii en las cercanías de la que era la capital del reino visigodoToledo. Su fecha de construcción inicial es muy antigua, del siglo vii, que coincide con el final del reino visigodo. La datación por radiocarbono1​ de una muestra de esparto obtenida de la parte conservada del enlucido original de estuco ha dado una fecha de construcción más probable en el intervalo 668-729 A. D. Probablemente su construcción se paralizó cuando comenzó la llegada de los árabes y se terminó y se reformó después, habiendo sufrido múltiples vicisitudes históricas.

En su origen hubo en aquel lugar una quinta romana con cinco presas sobre los dos arroyos que rodean el montículo rocoso. Luego se construyó el monasterio con edificios organizados en torno a la iglesia.

La conquista musulmana de la península ibérica no terminó inmediatamente con este núcleo monástico pues se tienen testimonios de la pervivencia de una comunidad mozárabe que luego desapareció. Sus construcciones fueron aprovechadas como núcleo urbano y su iglesia se fortificó con la construcción de una torre sobre la cúpula de la iglesia, torre que se sigue conservando. El agua de lluvia y de las torrenteras se embalsaba mediante presas situadas a uno y otro lado del complejo.

Con la conquista de Toledo por el rey Alfonso VI de León en el 1085 el templo recuperó su función litúrgica sin perder su función militar. Las tumbas antropomorfas situadas al Este y los restos de barbacanas que se conservan son testimonios de este periodo histórico.

En 1148 aparece mencionada —con el nombre de Santa María de Balat Almelc—2​ 3​ en la bula del papa Eugenio III que establece los límites de la archidiócesis de Toledo tras la reconquista de la ciudad (bula dada en Reims el 16 de abril de 1148). También aparece mencionada en las Relaciones topográficas de Felipe II4​ (1575, en el capítulo dedicado a La Puebla de Montalbán) y en las Descripciones del cardenal Lorenzana (1784), en ambos casos ya con el nombre actual de Melque y descrita como ermita rural a la que peregrinaban una vez al año (romería) los vecinos de La Puebla de Montalbán.

El pequeño núcleo de población pervivió hasta bien entrado el siglo xix aprovechándose las construcciones monásticas para usos de casa de labranza. La desamortización de Mendizábal terminó con el culto siendo destinadas todas sus construcciones a establos y pajares.

En 1968 la Diputación Provincial de Toledo adquirió el complejo y lo restauró, rehabilitando la iglesia y también los edificios anejos donde se instaló el centro de interpretación de Santa María y el mundo visigótico. En una de sus salas todavía se puede apreciar un largo pesebre construido con materiales del propio conjunto monástico. Se espera seguir trabajando en la recuperación de las presas, la cerca y el poblado visigótico.

La iglesia[editar]

Interior de la iglesia
Vista lateral
Detalle de uno de los vanos

Fue construida en la primera mitad del siglo viii y es uno de los monumentos mejor conservado de la España altomedieval. Su técnica constructiva es herencia directa de la arquitectura tardorromana.

Sin embargo, los escasos elementos decorativos que se conservan (filigranas de estuco en los arcos torales del crucero) la ponen en relación con influencias cristianas orientales de lo que ahora es Siria o Jordania. El gran arcosolio (arco = arco; solio = sarcófago) que se puede ver aún en el fondo del brazo sur del crucero, sugiere que Melque pudo ser en un principio un mausoleo destinado al enterramiento de un alto personaje del Reino Visigodo de Toledo. Más tarde, la iglesia fue reformada por lo menos dos veces.

Los templarios de la Reconquista convirtieron la iglesia en torre defensiva, transformándola en una turris a la romana. Esta torre sobre el cimborrio ha sido recientemente desmontada. Tenía un porche con tres aberturas, hoy desaparecido.

La planta es cruciforme, con un ábside central; los dos ábsides laterales fueron añadidos más tarde. Se conservan íntegras sus distintas naves, algunas capillas laterales y una sala dotada de arcos de herradura muy pronunciados. Se conserva también un nicho probablemente del fundador del templo, como ya se indicó.

El presbiterio es amplio como corresponde a una comunidad monástica y a ambos lados de él pueden apreciarse arcos de medio punto achatados. Sobre la bóveda se conserva la torre musulmana a la que se accedía por escalera exterior.

Su fábrica es de enormes bloques de granito ensamblados en seco, que recuerda el acueducto de Segovia. La molduración está calculada en codos romanos y es similar a la de San Pedro de la Mata, también en Toledo, o a la de San Miguel de los Fresnos, en Badajoz.

Esta iglesia tiene aportaciones de estilo claramente visigodo y soluciones nuevas que aportan los mozárabes, y además recuerdos del estilo romano:

  • Aportaciones visigodas: el arco de herradura que sostiene la bóveda del ábside, que sobrepasa en ⅓ del radio. El conjunto desprovisto de restos esculpidos, de tradición visigoda. El arcosolio.
  • Aportaciones mozárabes: arcos centrales de herradura sobrepasados en ½ del radio. Arcos de las ventanas en ⅔. Las extrañas pilastras semicirculares del interior que tampoco pueden considerarse adosadas.
  • Innovaciones: el rebaje circular de las esquinas en sus cuatro fachadas más la hendidura vertical a ambos lados, dando el aspecto de pseudocolumnas. Se parecen a las columnas situadas en las esquinas de las torres linternas de estilo románico normando. Es una solución sin precedentes.
  • Estilo romano: los enormes bloques de granito, la molduración en codos romanos, su planta que puede compararse con el mausoleo de Gala Placidia en Rávena (Italia).

Es un edificio visigodo desde el punto de vista cronológico, pero con soluciones protomozárabes.

Leyenda de la Mesa de Salomón[editar]

El investigador José Ignacio Carmona Sánchez, en su estudio histórico Santa María de Melque y el tesoro de Salomón,5​ señala cómo existe total unanimidad por parte de historiadores con respecto a la Mesa de Salomón en lo siguiente:

  • De existir una Mesa llamada de Salomón, no fue ninguna de las halladas tras la invasión árabe, como se desprende de las fuentes más autorizadas; prueba de ello es que en los siglos posteriores muchas personas principales como Felipe II, proseguían con su búsqueda.
  • Hasta el último momento, el clan godo que apoyaba la invasión no temió por las reliquias, pues lejos de ver a los árabes como una amenaza, esperaban ser restituidos en el trono.
  • Los visigodos ocultaron no pocos de sus tesoros y secretos en sarcófagos, enterramientos y cuevas asociadas a construcciones, como se deduce por descubrimientos posteriores.
  • El clan visigodo perdedor, al verse sorprendido por el rápido avance de los musulmanes, improvisó vías de salida, llevando consigo los objetos de importancia, tal como se relata con respecto a la famosa arca de las reliquias, que acabó en una cueva a las afueras de Oviedo. La ocultación en las proximidades de la capital apunta a un exceso de confianza y bien pudo ser llevado a cabo por cualquiera de los clanes; por el clan vencedor porque no se fiaría de los árabes hasta no ser restituido; por el clan derrotado porque pudo confiar en la transitoriedad que suponían las constantes alternancias y luchas de poder en el mundo visigodo.
  • Las vías naturales de salida de Toledo irían en la dirección de los montes de Toledo, donde existían antiguas vías romanas que facilitaban la huida, tal como se confirma con la trayectoria y localización del tesoro de Guarrazar.
  • En la misma trayectoria de la localidad donde apareció el tesoro de Guarrazar (Guadamur), y apenas a unos kilómetros equidistantes, se encuentra, no por casualidad, una de las iglesias más antiguas y desconocidas de España. Esta iglesia cuenta con todos los elementos razonables de probabilidad: un arcosolio, una intrincada red de galerías subterráneas, una posterior vinculación a la Orden del Temple y leyendas y tradiciones que la relacionan con los tesoros templarios.

Louis Charpentier6​ pone el ejemplo de Dormelle (Seine-et-Marne), un subterráneo muy amplio con bóveda de ladrillo y forma de cuna que se comunicaba, tomando la dirección de Paley, con una encomienda templaria hermana. En el castillo de Montalbán sus subterráneos son funcionalmente anacrónicos y guardan una semejanza casi absoluta con la descripción de Charpentier.

Alguno de estos objetos podría estar ubicado en el entorno del castillo de Montalbán y la iglesia de Santa María de Melque, en Toledo:

La iglesia de Santa María de Melque era un lugar idóneo para ocultar cualquier tesoro, debido a la existencia en sus aledaños de una intrincada red de galerías que se proyecta hasta el cercano Castillo de Montalbán.

[...]

La trama del Grial tiene su punto de inflexión en Toledo, a través de Flegetanis, no por casualidad «del linaje de Salomón». Solo en Toledo podrían hallarse los hombres puros, es decir, los del «saco de Benjamín», la más pura aristocracia judía, los atávicos custodios de los objetos sacrosantos del pueblo judío. El Castillo de Montalbán (¿Montsalvat?)7​ encuentra su protagonismo independientemente de si en sus entrañas, comunicadas con la iglesia de Santa María de Melque, exista una piedra llamada Grial o Mesa de Salomón.
Santa María de Melque y el tesoro de Salomón. José Ignacio Carmona Sánchez, 2011.


Iglesia de Santa María de Melque
Bien de interés cultural
Patrimonio histórico de España
Iglesia de Santa María de Melque 01.jpg
Iglesia de Santa María de Melque
Localización
PaísBandera de España España
LocalidadSan Martín de Montalbán Bandera de la provincia de Toledo.svg Toledo Bandera de España España
Coordenadas39°45′03″N 4°22′23″O
Datos generales
CategoríaInmueble
CódigoBIC:RI-51-0000954
Declaración04-06-1931
ConstrucciónSiglo vii - Siglo viii
Estilovisigodo









La iglesia de Santa María Magdalena de Mascaraqueprovincia de Toledo es una edificación barroca del siglo xviii que consta de planta de cruz latina con una nave apilastrada de tres tramos con arcos, fajones y bóveda de cañón rebajados. La torre, que fue construida con posterioridad, posee una estructura de dos cuerpos con planta octogonal y frentes abiertos abovedados. Está construida de ladrillo y a la fecha sólo está restaurada la parte inferior, quedando pendiente la superior que se encuentra bastante deteriorada.

La torre de dos cuerpos de planta ochavada y levantada con ladrillos, es un ejemplar realmente original en el panorama toledano. Heredera de la tradición mudéjar, es difícil señalar una fecha de realización, pero lo que es cierto es que sufrió bastantes remodelaciones a lo largo de los siglos que nos ocupan, por su casi permanente estado de ruina. La obra nueva se alzó a lo largo de buena parte de los siglos XVII y XVIII, coincidiendo durante cierto tiempo con la iglesia vieja separadas por un muro, tal como se consigna en los libros de fábrica.

Historia[editar]

Las primeras noticias sobre la renovación del templo parroquial se remontan a 1608. Las lanzas habían sido dadas por Nicolás Vergara, el Mozo, iniciándose la obra en 1609, aunque queda la duda de cómo era la iglesia primitiva ya que los testimonios que existen son muy escasos. El más significativo es un escudo de tradición gótica en el exterior del muro de los pies del templo, situado a bastante altura. El estudio del significado de este resto de la anterior iglesia, podría aportar datos muy significativos.

El proyecto original de Vergara fue reformado en 1613 por Juan Bautista Monegro, con cuyo estilo peculiar se puede relacionar la actual fábrica. La estructura general del edificio, salvo la cúpula, debían estar muy adelantadas hacia el año 1630, no obstante, los pagos para el adelantamiento en la edificación son muy abundantes durante los años posteriores. Así durante los años 1648 y 16449 se pagan al maestro de carpintería Diego Felipe por su labor en los tejados de la “iglesia nueva”, según una provisión dada por los señores del Consejo Arzobispal.

El 12 de agosto de 1650 Lázaro Goili, maestro mayor de la catedral toledana, entrega un informe tras visitar el templo de Mascaraque, para medir y tasar la obra que se pretendía hacer en el cuerpo de la iglesia conforme a unas trazas anteriores, que se supone, debían ser las de Monegro. El precio de esta obra, tanto en materiales como manos, según Goili era de 114.454 reales. Un año después se guardan 53.060 maravedíes de ciertas fanegas de trigo y cebada para la continuación de estos trabajos. Existen otras descargas no muy importantes en cantidad en años posteriores, por lo que la obra debía languidecer lentamente, incluso estancada si se quiere, en empresas menores como el solado del templo.

Llama la atención que entre 1670 y 1671 se decidiera tabicar las ventanas de la iglesia, lo que no parece muy normal, salvo que por seguridad de la construcción, obligara a tales extremos. Lo cierto y verdad es que hoy en día existe en la nave sólo una ventana abierta que ilumina tenuemente el interior.

En la visita de 1687 se señalaba el ofrecimiento de la Cofradía del Santísimo, con recursos suficientes en ese momento, para realizar una portada y unas puertas, ya que las que había eran “biexos i indezentes”. Los cofrades entregarían 900 reales al año, más 100 ducados de los fondos de la parroquia, según dejó dispuesto el visitador eclesiástico. No obstante ese proyecto se postergó, ya que en la visita de 1689 se decidió que era más importante cambiar el dosel del altar mayor cuyo estado de conservación era deficiente.

La bella portada del mediodía, de un impecable clasicismo, levemente alterado por los aletones del segundo cuerpo, se realizó antes de 1705, con un proyecto que por el momento es de autor desconocido. En las cuentas que van desde 1701 a 1705 se recoge una descarga de 3.918 maravedíes para ayuda del coste de esta portada principal.

La continuación de la edificación superó con mucho el cambio de siglo. Así, el 20 de mayo de 1720, se pagan a Tomás de Talavera, celebre maestro de albañilería y carpintería de Toledo, su trabajo en la capilla mayor, así como en el chopinel de la torre. Talavera fue uno de los artífices más cualificados de la Ciudad Imperial entre 1731 y 1745 según Juan Nicolau, por lo que las noticias que aquí se recogen son anteriores a su labor publicada y reconocida hasta el momento. El maestro siguió vinculado a la parroquia de Mascaraque y en 1734 se le pagó 694 reales como finiquito por la media naranja sobre el crucero que ejecutó siguiendo los diseños de Monegro para la iglesia.

Esta obra se había iniciado cuando el Consejo Arzobispal dio provisiones en 16 de octubre de 1730 y 1 de agosto de 1731. Cuando se acabó la cúpula fue reconocido por Manuel Gutiérrez, maestro de obras de Toledo por orden del cura párroco Juan Marín Acevedo, haciendo aquel declaración de su reconocimiento el 18 de marzo de 1732, fecha en la que ya estaba terminada la bóveda, señalando que esta se había hecho conforme a las condiciones de las provisiones.

La patrona de la localidad no estuvo en este recinto durante estos siglos, sino que contó con su propia ermita extramuros y una cofradía muy importante que intervino grandes sumas en el culto de tan especial imagen. Algunos datos sobre el mecenazgo de la Hermandad de Nuestra Señora de Gracia son:

El 4 de diciembre de 1689 la Hermandad de Nuestra Señora de Gracia solicitó al platero toledano José de Gamonal para la fabricación de un trono de plata por el que se desembolsó 3.701 reales en un primer pago. José Fernández Gamonal fue discípulo de Francisco Salinas, uno de los más prestigiosos plateros de la Ciudad Imperial durante los años centrales del siglo xvii. La deuda del trono se remató en los dos años posteriores entregando 150 reales en 1690 y al año siguiente el resto hasta 5.177 reales en los que se incluyó unos añadidos al trono y componer el pectoral de la Virgen. Debieron quedar muy satisfechos de la labor de Gamonal los cofrades, ya que en 1692 y como regalo le dieron 26 reales.

Con el trono nuevo, se decidió remozar la ermita, iniciando una serie de obras de distinta envergadura y engalanando el interior del recinto lo mejor que podían. Así entre 1694 y 1697 se aderezan las gradas del altar y se hace una vidriera detrás de la imagen de la Virgen. Hacia el 1700 se hace un rastrillo por 77 reales y se compran tejidos de las mejores calidades para renovar el vestuario.

El trono y silla de plata sólo se debían usar en las grandes solemnidades, ya que hacia 1710 se encarga forrar de bayeta encarnada el arca donde se guardaban habitualmente estas piezas. Es para estas fechas cuando se adereza la corona de plata de la Virgen y se encarga una nueva, probablemente de bronce dorado, con piedras y perlas falsas que costó 1.020 reales. También hacia el año 1710 se fabrica un estandarte de seda con la colaboración económica del cura párroco D. Francisco de Contreras, con un monto final de 147 reales.

Durante el primer tercio del siglo xviii se hacen al menos dos pectorales de cierta calidad para la Virgen, así como se engalanan los mantos con diferentes guarniciones de estrellas, puntillas y cintas. Como algo particular se recoge en los libros, un rostrillo de perlas falsas que se hizo en el día de su fiesta. Se hicieron unas andas de escultura en 1716 por 11.560 maravedíes. No se sabe quién fue el tallista, pero si el dorador, Gabriel Clemente, vecino de Almonacid que cobró por su labor 380 reales. Por cierto que este maestro ya había trabajado al servicio de la hermandad en 1711 en la realización de un marco para el altar de la ermita y en retocar la imagen mariana.

Mucho más importante parece la factura de dos cetros de plata. El acuerdo para la fabricación de estas piezas fue tomado por la esclavitud el 23 de agosto de 1716, y la licencia del Consejo de Gobernación del Arzobispado para gastar 200 ducados del caudal de la hermandad se dio en Toledo tres días después. El encargado de hacerlos fue uno de los más insignes plateros del barroco español, Juan Antonio Domínguez. Como la hermandad se quedó corta en el presupuesto, hubo de pedir una nueva licencia para gastar otros 787 reales de vellón. Domínguez debió trabajar muy rápido, algo extraño en él, ya que a finales de septiembre la obra se hallaba acabada y marcada.

Los cetros se componían de diez cañones lisos con sus nudetes y dos cañones cincelados. Sobre una macolla ornada con cuatro cartelas, iba una imagen de la Virgen con su Niño sentada en una silla y rodeada de rayos. Su peso era de dieciocho marcos (aproximadamente unos cuatro kilos y medio) tal como había confirmado el contraste de platería de Toledo, Francisco García de Oñora el 26 de septiembre. Sólo en material su coste era de 2.202 reales 12 maravedíes. Juan Antonio Domínguez firmó una carta de pago como señal de que había recibido el importe el 5 de octubre de ese mismo año. De hechura se dio al artífice 684 reales más otros 20 de coste de los regatones de hierro y almas de madera.

Hay que mencionar que en la parcela que hoy ocupa el patio de la iglesia se ubicaba el cementerio del pueblo hasta el año 1812, en que las Cortes de Cádiz prohibieron los enterramientos de cadáveres en los recintos de las iglesias. Existía hasta esa época un patio adosado y cerrado y todos los enterramientos se llevaban a cabo dentro de la propia iglesia o en el patio, dependiendo del rango o clase social del fallecido.

Dicha prohibición obligó a los vecinos y autoridades civiles y eclesiásticas a construir un nuevo cementerio o “campo santo” según la denominación popular de la época. Se eligió el lugar que hoy mismo ocupa el cementerio municipal de Mascaraque, aunque mucho más pequeño, y fueron sufragados los gastos de construcción por medio de un préstamo concedido por el Pósito Local.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario