viernes, 30 de septiembre de 2022

HISTORIA DE ESPAÑA

 IGLESIAS DE ESPAÑA

La iglesia de San Andrés es un templo católico situado en el n.º 1 de la plaza de San Andrés de Madrid (España), en el céntrico barrio de La Latina. Se trata de una de las parroquias más antiguas de la ciudad. En este templo tiene su sede la Hermandad de las Tres Caídas.

Iglesia de San Andrés Apóstol
Bien de interés cultural
Iglesia de San Andrés (Madrid) 01.jpg
Vista de la iglesia
Localización
PaísBandera de España España
DivisiónFlag of the Community of Madrid.svg Comunidad de Madrid
LocalidadMadrid
DirecciónPlaza de San Andrés, 1
(Palacio )
Coordenadas40°24′44″N 3°42′41″O
Información religiosa
CultoIglesia católica
DiócesisArchidiócesis metropolitana de Madrid
AccesoLibre
UsoIglesia
EstatusIglesia parroquial
AdvocaciónSan Andrés Apóstol
Historia del edificio
Fundación1642
Construcción1642-1669
ArquitectoPedro de la TorreJosé de VillarrealJuan de Lobera y Sebastián Herrera Barnuevo
Datos arquitectónicos
EstiloBarroco español
Identificador como monumentoRI-51-0009076
Año de inscripción23 de febrero de 1995

La primitiva iglesia de San Andrés[editar]

Poco se puede decir con certeza de la primitiva iglesia, existente ya a finales del siglo xii y levantada acaso en un solar ocupado anteriormente por la primitiva iglesia cristiana del Madrid islámico, ya que la jurisdicción de San Andrés se extendía por lo que fue el antiguo barrio mudéjar, posterior morería. Este templo fue muy frecuentado por san Isidro Labrador y santa María de la Cabeza, feligreses de la parroquia en la que el santo fue enterrado. Junto a él se alzaba la casa de su amo Iván de Vargas, sobre la que se levantó luego el palacio de los marqueses de Paredes, ahora reconstruido y convertido en museo de titularidad municipal. En él se encontraba el pozo, protagonista de uno de los milagros del santo, y una pequeña capilla en el lugar donde se decía que había vivido San Isidro.

Para el historiador y arqueólogo Elías Tormo, sin embargo, el emplazamiento de la primitiva iglesia estuvo ocupado antes por una mezquita situada junto a la torre albarrana en lo que luego fue palacio de los Laso de Castilla, residencia de los Reyes Católicos y del cardenal Cisneros cuando se encontraban en Madrid. En tiempos de los Reyes Católicos fue reformada la iglesia en estilo gótico, abriéndose a la vez un paso alto de comunicación con el palacio. En el siglo xvi se le adosó la capilla del Obispo, luego templo independiente, a la que se trasladó en 1535 el cuerpo del santo por orden del obispo Gutierre de Vargas Carvajal, lo que dio lugar a discordias entre ambas capellanías, hasta que veinticuatro años después el cuerpo retornó a su emplazamiento original. En 1656 el viejo templo sufrió un desplome, reconstruyéndose modestamente a la vez que se construía la capilla de San Isidro, cambiando su orientación. La nueva iglesia de San Andrés se adornó con un retablo de Alonso Cano, aunque se simplificó el proyecto inicial que incluía la urna de San Isidro. Las esculturas pertenecían a Manuel Pereira, a quien correspondía también la estatua de San Andrés en piedra situada en la hornacina de su única puerta (actualmente en el jardín lo que queda de ella). La iglesia fue incendiada en 1936 y sobre el solar de la primitiva cabecera gótica se construyó posteriormente la casa rectoral. La actual iglesia ocupa lo que fue capilla de San Isidro y un tramo de la reconstruida en el siglo xvii.

Capilla de San Isidro[editar]

Tras la canonización de San Isidro en el año 1622, y viendo la modestia del templo en que estaban depositados sus restos, se barajó la posibilidad de construir uno nuevo o bien de adosarle capilla que fuese digna del patrón de Madrid. Optándose por esta solución, ya en 1629 el arquitecto de Su Majestad Juan Gómez de Mora presentó los planos de un primer proyecto de capilla de tres tramos paralelos a la nave de la iglesia gótica. En 1642 se convocó nuevo concurso, al que se presentaron varios de los más destacados arquitectos de la Corte, entre ellos el propio Gómez de Mora, fray Lorenzo de San Nicolás y el hermano Francisco Bautista, siendo elegidas las trazas aportadas por Pedro de la Torre. En su proyecto Pedro de la Torre modificaba la orientación de la capilla, que discurriría ahora perpendicular a la cabecera de la iglesia, lo que iba a permitir construir una capilla mayor que la propia iglesia a la que se adosaba. Conforme a su educación arquitectónica clásica, no comportaba novedades estructurales, tratándose de un simple cubo rematado por una cúpula del tipo encamonado, por influencia quizá del hermano Bautista. Pero su interior se preveía fastuosamente ornamentado, siguiendo el modelo de Juan Bautista Crescenci en el Panteón Real de El Escorial. Parece que fue ésta la razón principal para la elección del proyecto de Pedro de la Torre, quien inmediatamente comenzó su construcción, pero las dificultades económicas del momento hicieron que se avanzase poco y en 1650 apenas se había pasado de los cimientos.

Interior de la capilla de San Isidro en el primer volumen de España artística y monumental (1842). Litografía a partir de un dibujo de Jenaro Pérez Villaamil.

En 1657 la obra se reinició, ocupándose de la dirección José de Villarreal, discípulo de Gómez de Mora, quien pudo aprovechar algunas ideas del primitivo proyecto de su maestro, y fue proseguida hasta su terminación en 1669 por Juan de Lobera y Sebastián Herrera Barnuevo, quien proyectó un monumental retablo baldaquino para el arca con las reliquias del santo, realizado finalmente, con mayor modestia, por Lobera. La decoración interior, juzgada en la época como una maravilla, de mármoles y jaspes, se completaba con una imaginativa decoración de estucos obra de los flamencos Carlos Blondei y Francisco de la Viña. En los muros y altares colgaban cuadros (escenas de la vida de San Isidro) de Francisco Rizi y Juan Carreño de Miranda, con otros de Alonso del Arco y Francisco Caro dedicados a la Virgen. También ofrecían novedad en Madrid las puertas, con sus columnas avanzadas, adornadas con una imagen en piedra de San Isidro de Pereira y otra de la Virgen imitada de Alonso Cano.

Tras la expulsión de los jesuitas en 1767, el arca de San Isidro (sustituida por una imagen del santo de Isidro Carnicero) fue trasladada a la que había sido iglesia del Colegio Imperial, transformada en Colegiata de San Isidro, y con ella se llevaron diez esculturas de santos labradores ejecutadas por Pereira. Fue incendiada en 1936 al inicio de la guerra civil, perdiéndose todas sus obras de arte y salvándose únicamente el exterior, excepto la imagen del santo de Pereira. Se reconstruyó su interior (1986-90) por los arquitectos J. Vellés, M. Casariego y F. Posada, quienes decidieron realizar una reconstrucción exacta, lo más fiel posible al desaparecido original, mediante un riguroso proceso de investigación. Los basamentos, de la altura de un hombre, fueron realizados en las ricas piedras originales. Las columnas y entablamento, a mucha mayor altura, en madera con panes de oro y yeso estucado imitando los mármoles. El tambor y la cúpula, a una altura inmensa, con una pintura al agua realizada con desvanecidos y de una forma efectista.

Estudio historiográfico[editar]

Aspecto de la cabecera de la iglesia de San Andrés

El recorrido comienza con la figura de Antonio Ponz que en su obra Viaje de España, se dedica a describir minuciosamente y “sin artificio” los edificios más importantes de la Villa de Madrid. Hay que tener en cuenta que, cuando lleva a cabo su estudio a fines del siglo xviii, la Ilustración está en boga, lo que repercute en todos los ámbitos culturales, entre otros en el campo artístico, que tiene su reflejo en el Neoclasicismo, despreciando todas las formas barrocas, por su recargamiento excesivo y por un supuesto concepto anticlásico. Todo tiene que ser claro y racional, por tanto, cualquier tipo de artificio se critica duramente y se desecha. Este hecho se observa en su descripción de la capilla de San Isidro, a la que no da mayor importancia, salvo por las esculturas y cuadros de su interior, de Manuel Pereira y Francisco Rizzi, respectivamente. Todo lo demás lo tacha de recargado y superfluo, aunque no deja, por ello, de dar cierto valor a la solidez del edificio. Resulta curiosa esta mentalidad “ilustrada”, por supuesto, elitista, que pretende modernizar la sociedad, culturizarla y liberarla de prejuicios, pero que realmente solo consigue añadir otros nuevos, puesto que se basa en parámetros de valoración muy estrictos y todo lo que pueda desviarse, se rechaza, sin tener en cuenta el contexto histórico, y en este caso, las tendencias artísticas, catalogando de segunda, e incluso de tercera fila, obras de suma importancia para la historia del arte de nuestro país.

Algo similar ocurre con Eugenio Llaguno y Amirola, cuando trata este edificio, puesto que su obra está muy próxima cronológicamente a la de Ponz. Tiene, sin embargo, algunos aspectos positivos porque da el nombre de dos arquitectos implicados en su construcción y luego en su decoración, José de Villarreal y Sebastián Herrera Barnuevo. Afirma, que a la muerte de Barnuevo, la plaza de maestro mayor recae en la figura de Gaspar de la Peña. Está aportando datos para el estudio de la capilla, lo que parece significar que la tiene en más alta estima que Ponz, aunque sólo da los nombres de aquellos que intervinieron, que desde su punto de vista, sí son dignos de mención. Por otro lado, el hecho de dar mayor información, también podría deberse al hecho de que se ha preocupado más por la investigación. No hay que olvidar, sin embargo, que Llaguno es un personaje de su tiempo y, por tanto, también menosprecia el recargamiento decorativo, que no hace otra cosa que ocultar y deslucir la obra arquitectónica, a la que también da cierta importancia. Al igual que Ponz, en Llaguno lo más destacable de la capilla son los cuadros de Carreño y Rizzi.

Ambas figuras son importantes puesto que fueron los primeros, junto con Ceán Bermúdez, en hacer un estudio sobre las obras artísticas españolas, por lo que son considerados padres de nuestra historiografía. Es de destacar su preocupación por recopilar datos y por dar una valoración personal, que aunque totalmente contraria a la línea de pensamiento actual, sirvió para arrojar cierta luz sobre obras de las que, hasta entonces, apenas se tenía información.

José Antonio Álvarez de Baena aporta nuevos datos en su obra Compendio Histórico, de las grandezas de la coronada Villa de Madrid, corte de la monarquía de España, publicada en 1786. Habla del gasto de la fábrica, fijando la cifra en 11 millones de reales. Asimismo dice como unos años después de 1642, al arruinarse la iglesia de San Andrés, «se determinó labrar la capilla al bendito labrador a costa del Rey y de la Villa». Este autor es el primero en determinar una fecha para la colocación de la primera piedra, datando este momento el 12 de abril de 1657. También fecha el año de conclusión en 1669.

Figura muy importante para nuestro estudio es sin duda Pascual Madoz, quien durante los años 1846 al 1850 trabaja en el Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, en cuyo tomo número X establece en 11.960.000 reales el costo total de la capilla, y niega así la cifra de 11 millones establecida muchos años atrás por Álvarez Baena, indica además que no sólo el Rey y la Villa fueron los contribuyentes a sufragar estos dispendios, sino que, además, los virreyes de México, Nueva Granada y Perú contribuyeron con cuantiosas sumas. Madoz aporta nuevos datos y ofrece un estudio más exhaustivo de la capilla, en la obra Madrid, Audiencia, Provincia, Intendencia, Vicaría, Partido y Villa de 1848, donde comienza hablando de la localización de la capilla en el lado del Evangelio de la iglesia de San Andrés. Da la fecha de la colocación de la primera piedra el 12 de abril de 1657, asistiendo el rey Felipe IV con su segunda esposa Mariana de Austria y el patriarca de las Indias don Alonso Pérez de Guzmán. Afirma que la obra la lleva a cabo José de Villarreal, bajo las trazas de fray Diego de Madrid, que al morir es sucedido por Sebastián Herrera Barnuevo, que según el propio Madoz «no tenía en arquitectura tan buen gusto como en pintura y escultura».

Aunque no lo especifica, muchos de los datos que maneja son extraídos de Álvarez Baena, si bien autores posteriores demostrarán que son inexactos. Pasa a realizar una descripción minuciosa tanto del exterior como del interior del edificio. En su crítica de la obra la califica de excesiva en su decoración, pero de buena construcción y dan gran importancia a los cuadros de Juan Carreño y Francisco Rizi. Esta consideración está directamente influenciada por Ponz y los autores de la España monumental, que no dice quiénes son. A pesar de caer en errores en cuanto al contexto de la construcción, es importante su aportación pues es uno de los primeros en intentar hacer un análisis más detenido, hablando de nombres, fechas, gastos, etc., y evita caer en el prejuicio de que como es una obra barroca de la segunda mitad del siglo xvii, carece de significación y, por tanto, no es necesario su estudio, como había ocurrido con Ponz y Llaguno. Sin embargo, cae en la consideración negativa al hablar de la decoración. Además su obra influye en autores posteriores.

Esta influencia de Pascual Madoz se ve reflejada en Mesonero Romanos, quien en su obra El antiguo Madrid. Paseos histórico-anecdóticos por las calles y casas de esta villa, del año 1861, hace un resumen de lo expuesto anteriormente por Madoz, limitándose a resumir y copiar a éste, ya que en ocasiones dice exactamente lo mismo. Habla de los gastos de la construcción, de los reyes y personajes que intervinieron en su patronazgo. Cita al mismo Fray Diego de Madrid y también a Villarreal y Barnuevo. Por otro lado, ni siquiera a la hora de valorar el edificio tiene una opinión propia, pues la efusiva descripción que hace, también la toma de Madoz. Es sorprendente como un autor hace suyas las investigaciones de otro, sin mencionarlo siquiera.

Procede mencionar el trabajo de Ciria Higinio, «La parroquia de San Andrés», artículo publicado en la revista La Semana Católica en los meses mayo y junio de 1897. Este trabajo es estudiado y mencionado por historiadores posteriores.

Interior de la cúpula y cimborrio.

En 1918 aparece un artículo de importancia para el análisis historiográfico de la capilla. Dentro del Boletín de la Sociedad Española de Excursiones, Francisco Macho Ortega escribirá un capítulo titulado «La capilla de San Isidro en la parroquia de San Andrés de Madrid». En este documento, Macho Ortega trata de aclarar las noticias falsas e inexactas publicadas hasta el momento, trabajando para ello con los Archivos Municipales de Madrid. Macho Ortega corrige a Álvarez de Baena, quien argumenta que fue en 1642 cuando se pensó edificar la capilla. Para rebatir este hecho, se basa en una Cédula Real de Felipe IV, la cual establece claramente que dicho momento fue en el año 1628. Asimismo Macho incluye el nombre de Pedro de Pedroso como persona que establece condiciones para la traza de Gómez de Mora, la cual una vez aprobada es entregada al maestro de obras Bartolomé Díaz Arias el 2 de marzo de 1630, legalizando el contrato ante el notario Francisco Martínez de Orellana.

Se hace referencia a la falta de recursos que ocasionaron la paralización de las obras durante 11 años. Es importante el aporte que se refiere a la creación de una Junta por parte del Ayuntamiento, que hace que en 1641 se retome con afán la continuación del proyecto constructivo. Es ahora cuando se habla del encargo de una nueva traza, a Pedro de la Torre. Mediante una labor que profundiza en el estudio de las fuentes primarias, vuelve a contradecir a Baena, Ponz y Madoz, concretamente en el año en el que las obras se retoman. Para ello se basa en el Libro de Acuerdos que establecen el año 1643 como fecha de inicio y no 1657, año que habían planteado anteriores historiadores. Este error se debe a que en estos años apenas se avanzó en las obras, siendo el año 1657 momento de gran impulso gracias a la Cédula Real expedida en Madrid el 28 de octubre de 1657 y a la contribución de casi todas las aldeas y ciudades de la nación, además de las colonias americanas. Se expone nuevamente uno de los errores de Álvarez Baena, quien atribuye al Rey y a la Villa de Madrid la construcción de la capilla, cuando toda la nación e incluso las posesiones de ultramar tomaron parte activa en ella.

Es interesante el hecho de acuerdo para aceptar los modelos de Fray Diego de Madrid, información recogida en el Libro de Acuerdos. Se establece la fecha de conclusión, el 15 de mayo de 1669, sin embargo la Junta de Comisarios no da por terminada su misión hasta el 9 de septiembre de ese mismo año, dándose por disuelta a partir de esta fecha, y quedando así indicado en el Libro de Acuerdos. Como anécdota, nombrar un error menor a la hora de citar el apunte bibliográfico referido a Álvarez Baena, al fechar la obra de este en el año 1726, cuando en realidad es del año 1786. Sin lugar a dudas la labor documental que lleva a cabo Macho Ortega es muy importante, como discípulo de Elías Tormo representa el primer paso para rebatir errores anteriores y base sólida de un estudio más veraz.

El estudio historiográfico continúa con la figura del propio Elías Tormo y Monzó, quien en 1925, a través del Boletín de la Real Academia de la Historia, manifiesta que la capilla, por su significado en la historia del barroco español y ultramarino, merece ser destacada como Monumento Nacional, “impidiendo así su ruina y su desnaturalización artística”. Hace constar el restablecimiento del aprecio en todo el mundo por el arte barroco, aludiendo a la importancia que vino a tener en España y en América. “A la aceptación por la Corte, y precisamente en esta Capilla, de las libertades y galanuras de las nuevas fórmulas artísticas, rebeldes al clasicismo, ya mecanizado, del Renacimiento”. El estudio de la capilla, lo recopiló con datos inéditos y con los trabajos monográficos de Ciria y Macho, sin aportar datos nuevos sobre el edificio. Igualmente menciona las virtudes de la vida sencilla llevada a cabo por San Isidro y que habían sido narradas por Juan Diácono. Indica como la capilla está edificada en el lugar del sepelio primitivo del santo, en lo que era el cementerio de San Andrés. En resumen, es importante esta obra puesto que se observa una revalorización del arte barroco, que hasta entonces había estado tan desprestigiado; una tendencia iniciada por Cea Bermúdez, Ponz y Llaguno. También es evidente que hay un interés por mantener el patrimonio cultural de la ciudad. Un hecho que poco a poco se va generalizando gracias al esfuerzo y lucha de eruditos como Tormo, y que indica una evolución en la sensibilidad de la sociedad a la hora de preocuparse por la conservación del legado histórico.

Ya en su siguiente obra Las iglesias del antiguo Madrid (1927), Elías Tormo se detiene más en el estudio de esta iglesia y aclara datos aportados anteriormente por otros autores, como por ejemplo, al hablar de la figura de Fray Diego de Madrid, que Madoz y después Mesonero Romanos habían dado el papel de arquitecto junto a José de Villarreal y Sebastián Herrera Barnuevo. En el caso de Tormo, este lo relaciona con la labra de la escultura de San Isidro que se encontraba en el interior de la Capilla, concretamente en el baldaquino. Afirma, basándose en artículos de Ciria, publicados en La Semana Católica, en 1897 y en un “Trabajo universitario” de Macho Ortega de 1918, que es Pedro de la Torre quien inicia la construcción de la capilla en 1642, cuyo proyecto queda finalista por encima del de Gómez de Mora, de 1629. La obra se detiene y es José de Villarreal el que la continúa bajo las trazas de Pedro de la Torre. Lo suceden Juan Beloso y Sebastián Herrera Barnuevo, según él, “secuaz” de Alonso Cano. Aparece el nombre de Juan Beloso, que no se había citado todavía en las obras anteriores. Da más nombres, referidos a los que intervinieron en la decoración y menciona a Juan de Lobera como realizador del baldaquino, siguiendo, en cierta medida, el dibujo de Herrera Barnuevo.

Comienza, por tanto, a despejarse la confusión creada por autores anteriores en lo referente a los arquitectos y al inicio de la construcción. Es fundamental Tormo para los autores posteriores, como Bonet Correa o Virginia Tovar, pues da datos más fiables, que serán corroborados posteriormente. Sin duda alguna, mediante el conocimiento pormenorizado de las fuentes secundarias que hablan de esta obra, se vislumbra como el problema de esta Capilla es que no ha sido estudiada con mayor detenimiento, como es el caso de otras obras a las que desde el principio se las ha considerado de primera categoría. Esto se refleja en el hecho de que cuando se hace un recorrido por los monumentos madrileños, ésta se incluye como una iglesia más, mereciendo sólo una breve mención. Por ello es lógico entrever como a lo largo de su historiografía no se han aportado grandes datos. Por ello Elías Tormo será muy importante, ya que aclara una serie de factores y cambia el concepto que se tenía de los edificios del siglo xvii y xviii, marcando una línea que seguirán estudiosos posteriores, radicando aquí su importancia.

Merece ser destacado el cambio que se ha producido en la crítica. Un cambio de mentalidad que la lleva a preocuparse por el estudio de todo el patrimonio, dando importancia a las obras, tanto de pintura, arquitectura y escultura, en función de su calidad artística, y no por prejuicios absurdos.

Antes de continuar con el análisis historiográfico, hay que señalar que en el año 1936, la capilla se incendia y permanece en ruinas hasta que a fines de los años ochenta se restaura.

Este hecho lo refleja Vicente Carredano en su obra Dolor y esperanza de la capilla de San Isidro: ruinas en el corazón de la villa, de 1957, donde manifiesta que tanto la capilla de San Isidro como la iglesia de San Andrés están en ruinas, pero que se mantienen intactos los muros, las puertas, las cornisas y la cúpula. Realmente este autor no supone un punto importante dentro de la historiografía de la crítica de la capilla, puesto que los datos que aporta sobre la construcción y sus gastos, aunque no lo apunta en ningún momento, posiblemente los haya tomado de la obra de Pascual Madoz. Sin embargo lo he querido mencionar por el hecho de que se preocupa por el estado del edificio y le sigue dando la importancia que tiene dentro de la arquitectura madrileña del siglo xvii, procurando que no caiga en el olvido y se acabe derribando, como ha ocurrido con muchos otras obras de interés.

Una obra que podría haber aclarado algunos aspectos de este estudio historiográfico, y al cual no he podido acceder, es el artículo de W. Wethey «Decorative Projects of Sebastian Herrera Barnuevo», publicado primero por The Burlington Magazine en 1956 y, más tarde, en Anales del Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas de Buenos Aires en 1958.

En 1961 Antonio Bonet Correa dedica una parte de su obra Iglesias madrileñas del siglo xvii al estudio de la capilla, haciendo mención al triunfo de las ideas del barroco en la segunda mitad del siglo xvii. En esta obra no se añaden novedades sustanciales, pues utiliza datos aportados anteriormente por otros autores. Algo a destacar es la inclusión de los creadores de partes de la decoración interior, los flamencos Blondei (inédito hasta ahora) y Francisco de la Viña, ya introducido anteriormente por Macho Ortega. Bonet hace un repaso a los acontecimientos más importantes en la construcción de la obra, tales como el encargo de planos a Gómez de Mora en 1629, encargo de nuevos planos a Pedro de la Torre en 1642, paralización de las obras en 1643 o la reanudación de los trabajos en 1657 con su conclusión en 1669, en una segunda etapa en la que intervienen José de Villarreal, Sebastián de Herrera Barnuevo y Juan de la Lobera. Asimismo da el nombre de Alonso Cano, quien intervino en el proyecto para el altar. Es necesario destacar que todos estos aspectos ya habían sido tratados anteriormente por Macho Ortega y después por Elías Tormo. En la obra de Antonio Bonet destacan la elegancia y la frescura a la hora de hablar sobre las diferentes partes del edificio. En primer lugar hace referencia al hecho de que al realizar un espacio digno del patrón de Madrid, esto lleva a hacer una capilla mayor que la propia iglesia de San Andrés. Habla del gran retablo-baldaquino en el que se colocarían las reliquias del santo, de la planta del templo, del deslumbrante efecto lumínico del interior, del alzado interior mediante grandes columnas pareadas de orden corintio, de la decoración vegetal realizada en estuco por los flamencos Blondei y Francisco de la Viña que derivaban de la empleada por Crescenci en el Panteón Real de El Escorial, de la inclusión de mármoles y jaspes realzados por los dorados del interior, de exteriores en un “barroquismo más tímido” de sentido prístino del volumen, del orden compuesto en sus dobles pilastras gigantes de piedra berroqueña, de lienzos de ladrillo que contrastan con el enorme entablamento de ménsulas pareadas. Asimismo menciona que por primera vez en Madrid, se ve un tipo de portada que tiende a salirse de la superficie del muro. Que la portada-retablo, que en Madrid triunfará en el siglo xviii, nace pues en la capilla de San Isidro. Para Bonet tanto por sus pilastras como por su ritmo y por su cúpula, la capilla se relacionaría más con el hermano Bautista, que con Gómez de Mora. Añade que la plástica floral refleja un nuevo gusto importado de Italia

Desde aquí, los estudiosos de la capilla de San Isidro ya sólo se limitan a repetir lo que en el pasado otros expusieron, bien porque no investigan más concienzudamente, bien porque realmente no se encuentran nuevos datos.

Rompiendo con esta tónica, será Virginia Tovar quien confiera un nuevo impulso al estudio de la capilla, acudiendo directamente a las fuentes primarias que mencionan datos sobre su construcción. En su obra Arquitectos madrileños de la segunda mitad del siglo xvii, del año 1975, se basará en obras de, entre otros, Wethey, quien escribe Herrera Barnuevo y su capilla de las Descalzas Reales, y Macho Ortega, autor de la obra La capilla de San Isidro en la parroquia de San Andrés. Tovar se dirige directamente a las fuentes documentales del Archivo de la Secretaría del Ayuntamiento, y del mismo modo toma información de un Libro de Acuerdos, que debía ser de la época de la construcción, pero del que no menciona la referencia, y con el que ya trabajó anteriormente Macho Ortega. Si bien las obras se comenzaron bajo el proyecto de Pedro de la Torre en 1642, no queda claro si fue Juan Gómez de Mora quien da el proyecto inicial tras la canonización del santo, aunque se sabe que participó en el concurso para elegir un proyecto, junto al Hermano Bautista, Fray Lorenzo de San Nicolás, Cristóbal Colomo y Miguel del Valle, entre otros, recayendo éste en Pedro de la Torre. La obra la continúa José de Villarreal, y a su muerte lo sucede Juan de Lobera. Sebastián Herrera Barnuevo es el que hace el proyecto para el baldaquino que alberga los restos de San Isidro, que hasta entonces se encontraban en la parroquia de San Andrés, y en ningún momento menciona a Fray Diego de Madrid, como había hecho anteriormente Madoz, Macho Ortega y después Elías Tormo. En todo momento aparece citando textualmente documentos referentes a la obra, en los que se mencionan los materiales utilizados, las obras que se tenían que llevar a cabo antes de la construcción de la capilla, los nombres de los que intervinieron, tanto en su edificación, como en su decoración, etc.

Uno de los objetivos del estudio de Virginia Tovar es demostrar la importancia que tuvo José de Villarreal en el proyecto de la obra, sin por ello menospreciar la labor de Pedro de la Torre. Con este estudio tan exhaustivo, la capilla pasa a formar parte de los ejemplos más importantes de lo que se ha dado en llamar Barroco “castizo”, en la ciudad de Madrid.

Otra obra importante de Virginia Tovar es La arquitectura madrileña del siglo xvii, del año 1983, donde hace un profundo estudio sobre la capilla y sobre las fuentes documentales. Si en la obra de 1975 quiso la autora dar mayor importancia a la aportación de José de Villarreal al proyecto de la capilla, ahora se centra más en la figura de Juan Gómez de Mora, a partir de un plano original del propio arquitecto, de 1629. Es sabido que al final la obra recae en la figura de Pedro de la Torre en 1642, pero Virginia Tovar cree que el carácter esencial de la obra y su modernidad, están tomados directamente del proyecto inicial de Gómez de Mora. Al igual que en su obra anterior, toma como base para el estudio, documentos consultados en el Archivo de la Secretaría del Ayuntamiento, citando textualmente partes de los mismos. Ella misma manifiesta que debido al largo proceso de construcción y a la sucesión de maestros, hay cierta confusión estilística y por ello el estudio se complica. Tovar hace una descripción similar a la de arquitectos madrileños de la segunda mitad del siglo xvii, pero en este caso dando mayor importancia a la figura de Gómez de Mora, lo que no debe llevar a sorpresa puesto que es autor de numerosas obras dentro y fuera de la ciudad de Madrid.

Ya en pleno siglo xxi, el profesor Félix Díaz Moreno, lleva a cabo una serie de trabajos que estudian diferentes elementos de la capilla de San Isidro. En el año 2006, se publica el artículo «El antiguo retablo de San Isidro en San Andrés de Madrid, traza del escultor Real Antonio de Herrera». Si bien no aporta nada nuevo en cuanto a la construcción de la capilla, hace un pormenorizado estudio del antiguo retablo y aporta importantes datos historiográficos que hacen referencia a fuentes primarias de la obra. Así destaca la Relación de la fábrica de la Capilla de San Isidro, documentos que hablan de la capilla y del santo patrono, y un apéndice donde refleja un documento que muestra los pagos a diferentes maestros por obras en el retablo de San Isidro de la iglesia de San Andrés de Madrid, del 26 de mayo de 1639.

Sobre el contenido del artículo hay que destacar la mención de que actualmente la capilla, es la sombra de lo que fue, ya que esta ha perdido gran parte de su patrimonio artístico en diferentes fases, ya fuera por fenómenos naturales, traslados o por el fuego de 1936. Hace un recorrido por la historia de los proyectos y trabajos de la capilla en honor al santo, mencionando dos proyectos de Juan Gómez de Mora, de 1629 y de 1639, solo delineados sobre el papel y el concurso de 1642 en el que vencen las trazas de Pedro de la Torre. Trazas que solo se plasman en la cimentación, ya que la conformación definitiva del templo se da en 1656 cuando debido al hundimiento de la techumbre de la parroquia, se inician trabajos de rehabilitación y de construcción, primero por José de Villarreal y posteriormente por Juan de Lobera, decidiendo en este momento variar la orientación del templo tal y como aparece en la actualidad.

En el mismo año 2006 Félix Díaz Moreno publica el artículo «La estatua-relicario de San Isidro, obra del platero Juan de Ruesta», donde se bien no aporta nada nuevo a nuestro estudio sobre la capilla de San Isidro, señala importantes fuentes primarias, muy valiosas para este trabajo, como son las Constituciones de la Real Capilla del Señor San Isidro de Madrid que otorga el monarca Carlos II en 1679.

No se ha conservado ninguna de las obras de arte que se encontraban en su interior.

Sirve actualmente como parroquia de San Andrés.

Fuentes primarias[editar]

▪ Cédula Real por la que Felipe IV proclama el proyecto de la capilla de San Isidro Fechado el 28 de noviembre de 1628, Virginia Tovar hace mención de este dato en su obra Arquitectos madrileños de la segunda mitad del siglo xvii, del año 1975, apoyándose en la obra de Macho Ortega La capilla de San Isidro en la parroquia de San Andrés de Madrid, del año 1918. Aquí Ortega refleja parte del contenido de la cédula real: «… hago merced a don Gabriel de Ugarte y Ayala… del corregimiento de Tlascala en la Nueva España en consideración de sus servicios y de que se allana a dar una capilla que tiene en la iglesia de San Andrés, para que en ella se fabrique la del glorioso San Isidro…». Esta cédula será muy importante para establecer los comienzos del proceso historiográfico de la capilla.

▪ Documentos del Archivo Secretariado del Ayuntamiento de Madrid Si bien estos documentos pudieron ser manejados por los primeros historiadores que estudian este edificio, el primer autor que hace mención a esta documentación es Macho Ortega, quien especifica que varias de las fuentes consultadas para realizar su trabajo, “se encuentran en el Archivo Municipal de Madrid”. Con todo, se puede considerar a Virginia Tovar pieza clave en el estudio de la capilla, pues su gran trabajo documental arrojará luz a toda la información publicada en los dos siglos anteriores. Para ello Tovar acude directamente a las fuentes del Archivo Secretariado del Ayuntamiento, rescatando textos referentes a la obra, para así aportar toda clase de datos, como nombres de arquitectos, fechas, materiales, etc. Estos documentos son de incalculable valor a la hora de estudiar el desarrollo de la capilla, desde la aprobación de la traza original de Pedro de la Torre en 1642 por parte de la Junta, hasta las condiciones de trabajo firmadas y expuestas por José de Villarreal en 1657. Los siguientes documentos que a continuación se exponen, fueron mencionados en el libro de Virginia Tovar La arquitectura madrileña del siglo xvii, fechado en el año 1983.

  • Condiciones para la obra de la Capilla de S. Isidro

En fecha 10 de mayo de 1642 los maestros reunidos convienen que se sigan las trazas propuestas por Pedro de la Torre y marcan las siguientes pautas: la obra debe estar provista de agua, de talleres cercados con tapias para trabajar con comodidad y que dichas tapias estén “jarradas por dentro” de yeso negro, de aposentos para guardar herramientas y trazas, de una fragua dentro del taller o cercana a este, la necesidad de limpiar el terreno antes de trabajar en él, establecer las dimensiones de las zanjas observando no destruir cuevas de época antigua y reconocer a las personas que aporten para el levantamiento del templo. Asimismo se especifica como ha de erigirse la obra, los materiales que se utilizarán y la distribución de los mismos. Se reitera que se trace toda la planta conforme a lo elegido por la Junta reparando posibles inconvenientes, tales como la posible humedad, antes del comienzo de la obra. Se especifica que debajo del suelo de la Capilla han de hacerse entierros y depósitos a los que se podrá dar uso una vez concluidos los trabajos. Firmado en letra mayúscula por Pedro de la Torre. Archivo clasificado como: ASA 2-283-11

  • Condiciones de la obra de Cantería de la Capilla de S. Isidro

Se explica todo el proceso constructivo que ha de llevarse a cabo, el modo en el que ha de erigirse el templo y las obligaciones de los maestros. Varias de las premisas que aporta este texto son las siguientes: se especifica que se ha de proporcionar toda la piedra, la madera, los andamios y “cimbios” que el maestro o los maestros soliciten. Se dice como labrar las losas y el grosor que han de tener las mismas, sin exceder los límites de la planta elegida por el Sr. Don Antonio de Contreras y por la Junta. Se manifiesta como labrar los zócalos y sobre estos como sentar “las baras de los pedestales”, como sentar las diferentes hiladas sobre las basas y como sentar las cornisas de los pedestales. Se habla de los órdenes que han de usarse apostando en muchos de los casos por el orden corintio-compuesto. Se expresa que han de ser el maestro o los maestros los encargados de subir las estatuas y asentarlas sobre los pedestales, teniendo mucho cuidado en no dañarlas. Cualquier ejecución no reflejada en el acuerdo inicial debe ser aprobada por la Junta, para que así los maestros puedan llevarla a cabo. Firmado en letra mayúscula por Joseph de Villarreal. Archivo clasificado como: ASA 2-283-11

  • Condiciones de la obra de mampostería de la Capilla de S. Isidro

Fechado el 2 de mayo de 1657, el texto especifica que se ha de suministrar toda la arena, agua y cal, que necesite el maestro para la consecución de los trabajos, estando este obligado a supervisar el traslado del material a pie de obra, manteniendo los cuidados sobre dicho material. Se deja pautado el modo en el que hay que realizar las mezclas y el tiempo que estas han de reposar. Se estructura todo un compendio de normas que han de seguir los maestros en referencia a herramientas, material, pagos, precios por tapias reales y no por pies, y todo supeditado a la aprobación de la Junta. Firmado en letra mayúscula por Joseph de Villarreal. Archivo clasificado como: ASA 2-283-11

▪ Documentos del Libro de Acuerdos para la construcción de la capilla de San Isidro Archivos revelados por Francisco Macho Ortega en su artículo La capilla de San Isidro en la parroquia de San Andrés de Madrid, publicado en el año 1918:

  • Documento sobre el comienzo de las obras el 1.º de febrero de 1643
Con asistencia de una banda de música y gran concurso de gente y en presencia de los maestros de obras Miguel del Valle y Pedro de la Torre… el Señor Corregidor de la Villa comenzó con un pico a abrir los zimientos de la dicha Capilla… y todos los demás caballeros y regidores fueron haziendo lo mismo… quedando travaxando quatro peones…
  • Documento por el que se aceptan los modelos de Fray Diego de Madrid con destino a la construcción de la capilla
Por librança de 4 de Março de 1657 se libran… a Fray Diego de Madrid, capuchino… ochocientos reales… por hacer el modelo de la Capilla y fábrica de San Isidro…
  • Documento donde se refleja la reanudación de los trabajos en la capilla
El jueves 12 de abril de 1657… en el sitio donde se ha de fabricar la capilla del glorioso Santo Señor San Isidro… asistiendo a la Magestad del Rey Nuestro Señor Don Phelipe Quarto y la Señora Doña Mariana de Austria su muger y la Señora Doña Theresa María de Austria, infanta, su hija… puso la primera piedra el Ilustrísimo Señor Don Alonso Pérez de Guzmán el Bueno, patriarca de las Indias, capellán y limosnero mayor de S. Magestad… y asistieron los embajadores Señores Nuncio de Su Santidad, el de la Magestad Cesaria de Alemania y el de la Señoría de Venecia… y muchos grandes y títulos…; fue un día de muy gran concurso…
  • Documentos con los contratos parciales de la obra

Se hace mención a arquitectos, escultores, pintores, doradores, plateros, etc. • Contrato a Manuel Pereyra, escultor obligado a hacer diez estatuas de santos de la forma que ordene el Sr. Don Antonio de Contreras. Fechado el 30 de enero de 1658. • Contrato a Francisco Caro, pintor comprometido a realizar diez lienzos de la de vida de Nuestra Señora, seis lienzos de la vida del Santo, seis lienzos de pensamientos diferentes, cuatro lienzos de devociones, cuatro lienzos de doctores de la iglesia, ocho lienzos de pensamientos diferentes para la media naranja, ocho lienzos de devociones diferentes, cuatro lienzos de los evangelistas, creando estas pinturas según la voluntad de Don Antonio de Contreras. Fechado el 8 de mayo de 1658. • Contrato a Joseph de Rates, maestro escultor obligado a hacer seis estatuas de santos para la capilla de San Isidro. Fechado el 18 de junio de 1658. • Contrato a Juan Sánchez, escultor que debe hacer las ocho virtudes para la capilla. Fechado el 18 de junio de 1659. • Contrato a Juan de Ocaña y Juan de Lobera, arquitectos obligados a hacer el retablo de la iglesia de San Andrés, siguiendo la traza que está en poder de Don Antonio Contreras. Fechado el 17 de octubre de 1659. • Contrato a Eugenio Guerra, escultor que deberá llevar a cabo los cuatro ángeles que están en las cuatro esquinas del corredor. Fechado el 16 de febrero de 1660. • Contrato a Asensio del Alto, escultor que realizará seis ángeles sentados sobre la cornisa del globo de la fe. Fechado el 16 de febrero de 1660. • Acuerdo por el que la Junta de Comisarios designa a cuidadores de las estatuas, pinturas, rejas, capiteles que se han de dorar, etc. Fechado el 1 de agosto de 1662. • Contrato a Francisco Ricci y Juan Carreño para pintar los cuatro nichos de la capilla de San Isidro. Fechado el 2 de mayo de 1663.

▪ Cédula Real expedida por Felipe IV en 1657 Cédula otorgada en Madrid el 28 de octubre de 1657 que impulsará las obras de la capilla de San Isidro. Casi todas las ciudades y pueblos de la nación, además de las colonias españolas de ultramar, harán donaciones para levantar este proyecto. Madoz será el primero que aporte esta información, pero sin especificar de donde lo recoge. En cambio, Macho Ortega será el primero que deje constancia expresa de este documento, mencionándolo posteriormente Virginia Tovar.

▪ Constituciones de la Real Capilla de Señor San Isidro de Madrid Constituciones otorgadas por Carlos II en el año 1679, esta documentación ha podido ser utilizada por los primeros historiadores relatados en este trabajo, si bien no dejan constancia escrita o referencia bibliográfica. En el estudio de las diferentes obras que tratan sobre la capilla de San Isidro, queda constancia de que tanto Virginia Tovar como Félix Díaz Moreno han hecho uso de estas fuentes primarias.

Leyendas[editar]

  • En la plaza de la Paja, frente a la iglesia de San Andrés, existió hasta el siglo xix el palacio de los Laso de Castilla, inmenso edificio según Mesonero Romanos que llegó a conocerlo, comunicado con la iglesia de San Andrés por un paso elevado, en el que tuvo lugar una célebre junta de los grandes de Castilla con el cardenal Cisneros quien, al ser interpelado que con qué poderes gobernaba, respondió asomándose al balcón: «estos son mis poderes hasta que el príncipe venga», señalando a la artillería que formaba en la plaza.
  • San Isidro, santo de dudosa cronología, fue enterrado en el cementerio situado a los pies de la primitiva iglesia de San Andrés, hasta que en 1212, creciendo su fama de santidad, fue exhumado y visitado por el rey Alfonso VIII, quien viendo el cuerpo incorrupto reconoció en él al pastor que lo había guiado en la batalla de las Navas de Tolosa. Con tal motivo el propio rey habría hecho construir la famosa arca de madera recubierta de cuero con pinturas góticas. En 1620 ésta fue sustituida por otra de oro, plata y bronce, regalada por el gremio de plateros. Al ser reconstruida la iglesia a mediados del siglo xvii y cambiar su orientación, el primitivo cementerio quedó bajo el presbiterio, señalándose con una reja el lugar exacto donde había estado enterrado el patrón de Madrid.
  • La capilla de San Isidro costó 11.960.000 reales, aportados por la villa, el rey y los virreinatos de Perú y México.

HISTORIA DE ESPAÑA

 IGLESIAS DE ESPAÑA

La iglesia de San Agustín es una iglesia cristiana de Madrid (España), erigida en la calle de Joaquín Costa, en la Colonia de El Viso. Es una obra del arquitecto clasicista Luis Moya Blanco realizada de 1946 a 1950.

Iglesia de San Agustín
Iglesia de San Agustín (Madrid) 08.jpg
Fachada
Localización
PaísEspaña
DivisiónMadrid
Chamartín
El Viso
DirecciónCalle de Joaquín Costa, 10
Bandera de España MadridEspaña
Coordenadas40°26′44″N 3°41′14″O
Información religiosa
CultoIglesia católica
DiócesisMadrid
OrdenClero secular
PatronoSan Agustín
Historia del edificio
Construcción1946–1950
ArquitectoLuis Moya Blanco
Datos arquitectónicos
TipoIglesia

Características[editar]

El edificio presenta una planta elíptica. Posee cuatro capillas laterales de forma circular, dedicadas al Santísimo Sacramento, Santa Filomenasacristía y baptisterio. La iglesia se encuentra situada en el Paseo de Ronda (calle de Joaquín Costa), con vuelta a la calle de Felipe Pérez y fachada posterior a la de Puente Duero. La parte posterior del solar se reserva para la casa parroquial. Contiene una importante pintura de Luis de Morales, la Virgen y el Niño con un pajarito.

Es muy similar a la iglesia de la Universidad Laboral de Gijón, del mismo autor y mismas fechas.








La iglesia de Santa María la Mayor o santa María de la Almudena fue el templo más antiguo de Madrid hasta su derribo en 1868 en el contexto de las obras de remodelación de la calle Mayor, y del viaducto de la calle Bailén y quizá influido por el ambiente revolucionario reinante. Esta iglesia se asentaba en la esquina de los antiguos trazados de las calles Mayor, donde tenía la entrada, y Bailén, siendo rodeada por el antiguo callejón, ahora calle de la Almudena, sobre el solar de la antigua mezquita mayor del Mayrit musulmán. La manzana descrita también albergaba la plaza de Santa María la Mayor, en su extremo occidental. La mezquita original formaría parte del primer recinto amurallado en el conjunto de la alcazaba, junto al alcázar que se erigía en la parte norte del solar del actual Palacio Real.

Iglesia de Santa María de la Almudena
IglesiadeSantaMaria 1869.jpg
Fachada sur (calle Mayor) de la iglesia en 1869, durante los trabajos de demolición. Han desaparecido la cúpula y gran parte de las cubiertas. Se aprecia la fachada neoclásica de Ventura Rodríguez. Nótese la estrechez de la calle Mayor en este punto, apreciable por la sombra proyectada del palacio de Uceda.
Datos generales
Tipoiglesia
Estadodemolido o desaparecido
CalleCalle Mayorcalle de Bailén y calle de la Almudena
LocalizaciónMadrid (España)
Coordenadas40°24′55″N 3°42′47″O
Destrucción1868
Cultocatolicismo

Origen[editar]

Los historiadores de Madrid del Siglo de Oro como López de Hoyos o Jerónimo de Quintana entre otros, intentaron dotar a Madrid de un origen mitológico. Así, entre el conjunto de fábulas, correspondió a la pequeña parroquia de Santa María de la Almudena haber sido originalmente un templo dedicado a Júpiter que fue convertido en iglesia por San Calocero, dejando allí la imagen de la virgen.1​ Sin duda esta historia es del todo incierta, en tanto que no hay restos romanos que indiquen poblamiento alguno en la zona, y menos aún de una ciudad de suficiente envergadura como para haber albergado semejante templo.

Entre los hechos ciertos, se sabe que Alfonso VI cristianiza la mezquita mayor de Mayrit,2​ convirtiéndola así al culto cristiano como la iglesia de santa María la Mayor con la imagen en su altar de la virgen de la Flor del Lis, primera patrona de Madrid. Lamentablemente, no sabemos si esta purificación implicaba la adaptación del edificio existente o la demolición y construcción en su lugar de un templo de nueva planta. Dadas las prácticas de la época, ambas opciones son factibles.

En el siglo xvii, Jerónimo de Quintana, en la primera descripción exhaustiva de la iglesia, cita algunos elementos antiguos como lápidas con inscripciones que él cree romanas, pero que probablemente fueran del siglo xi o xii.

Descripción[editar]

La iglesia se conoce hoy en día por diversas descripciones, dibujos, grabados y otras manifestaciones que han llegado hasta nuestros días, permitiéndonos trazar un recorrido por las diversas morfologías que presentó a lo largo de su historia.

Arquitectura[editar]

Vista de la iglesia hacia 1845.

Las referencias más antiguas y restos arqueológicos encontrados permiten adivinar la existencia de un primitivo templo románico, posiblemente del siglo xii, de planta de cruz latina, tres naves y varias dependencias conventuales adosadas. Las excavaciones realizadas en 19983​ pusieron al descubierto la cimentación de un ábside medieval, así como nueve piezas pétreas, entre las que destacan una imposta ajedrezada y dos capiteles, uno decorado con motivos vegetales y otro con dos aves,4​ que se conservan en el Museo Arqueológico Regional de la Comunidad de Madrid, en Alcalá de Henares.5

No obstante, las representaciones más prolijas en detalles corresponden al aspecto que tenía la iglesia tras la gran reforma del siglo xvii, en la que desaparecieron sus trazas románicas. La maqueta de Madrid, llevada a cabo en 1830 por León Gil de Palacio, y una maqueta de la iglesia propiamente dicha, quizá basada en la maqueta anterior, realizada en torno a 1945 por José Monasterio Riesco —ambas conservadas en el Museo Municipal de Madrid—, muestran la iglesia con su más probable apariencia última, antes de la demolición.

A mediados del siglo xix la iglesia presentaba en la estructura principal una mezcla de mampostería y ladrillo típica del arte mudéjar toledano, con una serie de dependencias anejas, como capillas y otros en diferentes estilos, que confieren un aspecto muy irregular. Tenía una torre alta de ladrillo y mampostería con un chapitel de estilo barroco colocado claramente con posterioridad en alguna de las reformas del siglo xvi. Esta torre había sido construida probablemente a finales del siglo xv o principios del siglo xvi ocupando parte del claustro. Igualmente, el crucero presentaba una cúpula con una linterna baja también de estilo barroco. En la fachada principal, frente al palacio de Uceda, el antiguo pórtico había sido sustituido por un frente de estilo neoclásico incorporado por Ventura Rodríguez.

Entre los elementos destacables de la iglesia, estaba una lámina de bronce con la inscripción:

Es tradición antiquisima que la milagrosa imagen de Nuestra Señora de la Almudena fue la principal que se adoro en Madrid traida a ella de Jerusalen por el apostol Santiago. En la pérdida de España la escondieron los fieles de esta villa en uno de los cubos de la muralla, donde estuvo 376 años. Restaurado Madrid mediante las oraciones y ayunos de los devotos que tenían heredada la devoción de esta santa imagen, sin saber el lugar donde estaba escondida, se cayo milagrosamente el cubo que la tuvo oculta en el riesgo, donde se apareció tan incorrupta la materia de que es fabricada como si aquel día fuese labrada de nuevo y hoy esta con la misma entereza.1

También se especificaba que había sido encontrada junto a dos cirios prendidos que al parecer habían aguantado los 376 años ardiendo, tal como la dejaron los devotos cristianos que la escondieron.

Ornamentos y tesoro[editar]

El milagro del pozo, de Alonso Cano. Presidía el altar mayor de la iglesia. Actualmente se conserva en el Museo del Prado.

El altar mayor de santa María la Mayor, ocupaba todo el testero y era de madera recubierta de plata. Según Ponz, la factura no era de gran calidad. Disponía de un camarín central con un trono para la virgen, y dos figuras laterales de San José y San Joaquín. En el ático se hallaba una pintura de Alonso Cano representando a San Isidro sacando a su hijo del pozo, según la tradición hagiográfica por intercesión de la virgen venerada en el templo. De esta pintura —El milagro del pozo, actualmente en el Museo del Prado—, muy elogiada en su época, dice Ponz: «un extranjero tunante que se decia limpiador y restaurador de pinturas, la refregó de tal manera no hace muchos años que, quitándole la flor del colorido, la echó a perder».

En la cúpula había una Anunciación de Diego Polo, y otras sobre la cornisa y el coro representando la vida de la Virgen y la Huida a Egipto, de Eugenio Cajés. No obstante, en el momento de la restauración de Ventura de la Vega (1777) estas pinturas ya no existen ni se tiene noticia de ellas. También había un cuadro de Lucas Jordán representando la Concepción como preservándola el Padre Eterno y otro de Gaspar Becerra de Santa Isabel, San Francisco y San Zacarías, en una de las capillas.

Capilla de Santa Ana[editar]

Quizá la más famosa de las capillas funerarias de Santa María la Mayor o de la Almudena, la capilla de Santa Ana, o de Juan de Vozmediano, fue construida en 1542 invadiendo parte del claustro en estilo gótico tardío, y recibió numerosos elogios por su riqueza artística. Así, en varias ocasiones se cita esta capilla como lo único que merece la pena de todo el conjunto.6​ A diferencia del cuerpo principal de la iglesia, de ladrillo y mampostería, esta capilla estaría construida en sillería de piedra blanca, de tres cuerpos, con cabecera ochavada y amplias ventanas. Presentaba una gran altura, la misma que la nave principal o incluso más alta.

Otras capillas[editar]

Del resto de capillas, son reseñables la llamada de Alonso de Vozmediano, o de la Concepción, hermano de Juan de Vozmediano. El retablo de esta capilla, obra de Juan de Borgoña puede ser el mismo que actualmente está en la capilla del Palacio episcopal.

La capilla de los Vallejo, junto a la de los Monzón, construidas en 1503 y 1491 respectivamente, son las únicas reseñables, aunque se tienen noticias y descripciones de todas las demás, como la del Santo Cristo de la Salud, la Capilla pequeña de Santa Ana, la de San Ramón y por último, la de Santo Tomás de Villanueva, de especial interés ya que en ella estaba la escalera que bajaba a la cripta principal bajo el crucero.

Historia[editar]

La historia de la iglesia se caracteriza sin duda alguna por un continuum de obras y ampliaciones desde su misma fundación hasta prácticamente la fecha de su derribo. Como se ha dicho, no se tienen noticias fidedignas de si realmente se demolió la mezquita para construir la iglesia en su lugar, o si simplemente se consagró el templo musulmán adecuándolo al culto cristiano tras la conquista definitiva de Madrid en torno a 1082. En el Fuero de Madrid de 1202 la iglesia figura ya como la más antigua de la villa, nombrándose en primer lugar. Alfonso X otorga en 1265 un privilegio a favor de esta parroquia:

E mandamos que los clerigos de la parrochia que fueran racioneros e prestes e diáconos e subdiaconos fasta treynta que sean, vezinos de Madrit, que sean excusados de todo pecho e de todo pedido e por facerles bien a merced mandamos que se excusen sus paniaguados e sus yegueros e sus pastores e sus hortelanos e estos excusados que sean de la cuantía que lo son los caballeros de Madrit.7

En 1451 se elimina parte del claustro para la edificación de la torre. A lo largo de los siglos siguientes la nobleza madrileña construye capillas sepulcrales para sus enterramientos. En 1542 se construye la capilla de los Herrera. En 1561 Francisca de Salas ordena el inicio de la construcción de su capilla, y en 1640 la de Juan de Vozmediano. En 1777 se lleva a cabo una restauración completa a cargo de Ventura Rodríguez que incluye el replanteamiento y reedificación de buena parte del edificio, dado su avanzado grado de deterioro para evitar su derrumbe inminente por ruina. Estas obras supondrán un cambio radical en la apariencia del templo, ya que se incorporarán casetones y otros ornamentos.8​ Finalmente, entre 1850 y 1855 se cierra la iglesia por obras de consolidación, periodo durante el cual se lleva la imagen al convento del Sacramento.

En esta parroquia estaba sepultado, entre otros personajes ilustres, el escultor Roberto Michel, que trabajó en obras diversas durante el reinado de Carlos III.

Intentos de conversión en catedral[editar]

Desde principios del siglo xvi y hasta el reinado de Felipe IV hubo un cierto interés, nunca materializado, por convertir esta iglesia en colegiata o catedral.

El mismo Carlos I obtiene la bula papal de León X el 23 de julio de 1518. Felipe III obtiene igualmente bula de Clemente VIII para el derribo del templo actual y erección en su lugar de otro que estuviera más de acuerdo tanto con la importancia de la imagen allí custodiada, como con el rango de la ciudad. Ambos proyectos fracasaron por la oposición frontal del cabildo de Toledo, siempre muy reticente a la segregación de la villa de Madrid de la archidiócesis de Toledo, de la cual dependía.

Durante el reinado de Felipe IV se vuelve a retomar la idea, y se nombra una Junta de prelados y funcionarios. Se convoca a los arquitectos y se levantan planos para una iglesia nueva, de tres naves y dos torres, crucero con cúpulacoro de 120 sillas, capilla para el servicio parroquial, claustrosala capitular, etc. Se llega a colocar una primera piedra y una cruz en un acto público el 15 de noviembre de 1623. Pero la dramática situación financiera del imperio ya en claro declive posterga las obras sine die y finalmente caen en el olvido, acometiéndose en su lugar ciertas reformas y mejoras en la iglesia existente en 1638.

Grabado del derribo de la iglesia en las páginas de El Museo Universal (17 de enero de 1869). Dibujo de Urrabieta.

A finales del siglo xviiiAntonio Ponz se lamentaba de la poca monumentalidad de Madrid y de la ausencia de una solemne catedral anotando «[...] casi todo cuanto sobresale en la población, como torres, cúpulas, etcétera, es menudo y mezquino; falta un objeto grande que la autorice y sirva como de cabeza a lo demás» en su obra Viage de España.

Derribo[editar]

Desde el siglo xviii diversos proyectos amenazaban el emplazamiento de la iglesia, siendo los dos más importantes el de la unión de la zona del palacio y la de San Francisco, y la de reforma del tramo final de la calle Mayor, que estaba ocupado por la iglesia de Santa María de la Almudena. En 1846, Mesonero Romanos presenta al Ayuntamiento de Madrid el Proyecto de mejoras generales de Madrid en el que se habla del derribo de la iglesia para corregir la desviación de la calle Mayor, favoreciendo su ensanche y unión con la calle Bailén, y alineando la margen derecha de la calle con el palacio de Abrantes, del que la iglesia sobresalía, estrechando la calle en su último tramo.9​ En 1855 la iglesia entra dentro del catálogo de la desamortización de Madoz. Así, en 1861 se aprueba el plan de apertura de la calle Bailén, ampliándola hasta la iglesia de San Francisco el Grande, lo que implica el derribo de un buen número de edificaciones. Entre ellas, la iglesia de Santa María de la Almudena, que interfería en el proyecto. Al mismo tiempo se acometía el mencionado ensanche y rectificación de la calle Mayor, lo cual hacía del todo insalvable la pequeña parroquia.

El domingo 25 de octubre de 1868 se dice la última misa y se clausura la iglesia, llevando la mayor parte del tesoro, incluida la imagen de la virgen, inicialmente al convento del Sacramento. La imagen de pino tardomedieval de la Virgen de la Almudena se trasladó posteriormente a la catedral de nueva construcción, mientras que el resto del tesoro fue repartido entre diversas iglesias.

El 4 de abril de 1883, se coloca la primera piedra de la futura catedral de la Almudena en los cercanos terrenos cedidos por el rey Alfonso XII en la extensión del patio de la Armería, ya que el solar de la antigua iglesia, pequeño ya originalmente, quedó aún más menguado por el ensanche de las calles Mayor y Bailén, siendo demasiado exiguo para la construcción en él de la catedral. En el solar restante que antes ocupaba la iglesia y la aneja plaza de Santa María, tras la remodelación urbanística antes mencionada, se construyó un bloque de viviendas de cuatro plantas como número 88 de la calle Mayor, y números 19 y 21 de la calle Bailén.