HISTORIA ANTIGUA
Caro de Segeda (m. 153 a. C.) fue un jefe militar celtíbero, de la tribu de los belos del oppidum de Segeda. Luchó contra el cónsul romano Quinto Fulvio Nobilior en la segunda guerra celtíbera dirigiendo a las tribus de los belos, titos y arévacos, al que causó numerosas bajas en su ejército (Apiano habla de 6000 soldados muertos). Murió el mismo día al perseguir al ejército romano en desbandada.
Hispania es el término latino dado a la península ibérica. El vocablo puede encontrarse en el año 200 a. C. en las obras del poeta Quintus Ennius. Probablemente derive del
púnico אי שפן "I-Shaphan", cuya traducción sería "costa de
damanes", un error de los
fenicios que identificaron a los conejos como damanes. Ulterior es un sinónimo de ulter, que significaría "más allá". Según al historiador
Dion Casio, la población de la región provenía de diversas tribus, por lo que no tenían ni una lengua ni un gobierno común.
1
En el 197 a. C., la península se dividió en dos provincias debido a la presencia de dos fuerzas militares durante la conquista. Estas regiones serán conocidas como
Hispania Citerior e Hispania Ulterior. La frontera que separaba las dos provincias iba desde
Cartago Nova hasta el
mar Cantábrico.
2
A mediados de la década de 170 a. C. los combates habían disminuido, en especial desde el tratado de
Tiberio Graco con los celtíberos del año 178 a. C. Esa relativa paz quizá fue la razón que motivó al pretor del año 176 a. C.,
Marco Cornelio Escipión Maluginense, a solicitar la dispensa para acudir a la Ulterior como gobernador. El 171 a. C. fue unida con la provincia
Citerior durante la guerra de
Macedonia, pero fue de nuevo separada en el 167 a. C.
La paz reinó hasta el ataque de los
lusitanos en el 155 a. C. dirigidos por
Viriato. Estos nativos derrotaron a los pretores romanos en dos ocasiones, lo que ocasionó que la rebelión se expandiera a otros lugares. La península pronto se convirtió en un centro de actividad militar con oportunidad de continuar avanzando. Como dijo el historiador
Apiano, "[los cónsules] avanzaron no para la prosperidad de la ciudad [Roma], sino para su propia gloria y el honor de la victoria".
4 La zona fue ampliamente conquistada por el cónsul
Décimo Junio Bruto Galaico en el 138 a. C., aunque la guerra continuó hasta el 19 a. C. cuando
Augusto concluyó las
guerras cántabras en la Hispania Citerior y la península fue conquistada al completo.
Augusto reorganizaría las provincias de la península una vez acabada la guerra. La Hispania Ulterior fue dividida en la
Bética (la actual Andalucía) y la
Lusitania (Portugal, Extremadura y parte de Castilla y León). La Hispania Citerior, que también incluía Cantabria y el País Vasco, se le renombró como
Hispania Tarraconensis.
A principios del siglo V, los
vándalos invadieron el sur de Hispania. El emperador romano
Honorio encargó a su cuñado, el rey visigodo, que acabara con los vándalos. Los visigodos tomaron el control de Hispania e instauraron su capital en
Toledo.
Consecuencias[editar]
Cada provincia estuvo administrada por un pretor. Además, miembros de la élite nativa se mezclaron con la aristocracia romana y les permitieron participar en su propio gobierno. Los emperador romanos Trajano, Adriano y Teodosio nacieron en Hispania. Los latifundios romanos se le daban a miembros de la aristocracia de la región. Se introdujeron acueductos y otros mecanismos más avanzados tecnológicamente. La economía se basó en la ganadería, así como en la exportación de oro, aceite de oliva, lana y vino.
Fue líder del asentamiento
arévaco de
Numancia durante la
Tercera Guerra Celtíbera, siendo elegido después de que las negociaciones con el general romano
Quinto Pompeyo fracasaran. Megara le derrotó en combate cerca de las faldas de Numancia, primero fingiendo una retirada y entonces guiando a los romanos hacia trampas y emboscadas dispuestas al uso, y le forzó a aceptar un tratado de paz. El destino posterior de Megara es desconocido, ya que no se le vuelve a mencionar en las fuentes.
Iniciada la revuelta en la provincia Ulterior, Roma envió a los pretores
Cayo Sempronio Tuditano a la provincia Citerior y
Marco Helvio Blasión, a la Ulterior. Poco antes de que la rebelión se propagase hasta la provincia Citerior, Cayo Sempronio Tuditano murió en combate. Sin embargo, Marco Helvio Blasión, que al llegar a su provincia se dio de bruces con la revuelta, consiguió una importante victoria sobre los
celtíberos en la
batalla de Iliturgi. La situación seguía lejos de estar controlada, y Roma envió a los
pretores Quinto Minucio Termo y a
Quinto Fabio Buteón en un nuevo intento de solucionar el conflicto. No obstante, aunque éstos lograron algunas victorias, como en la
batalla de Turda, donde Quinto Minucio logró incluso capturar al general hispano
Besadino, tampoco consiguieron resolver del todo la situación.
Fue entonces cuando Roma hubo de enviar en
195 a. C. al
cónsul Marco Porcio Catón al mando de un
ejército consular a suprimir la revuelta, quien, cuando llegó a
Hispania encontró toda la provincia Citerior en rebeldía, con las fuerzas romanas controlando sólo algunas ciudades fortificadas. Catón estableció una alianza con
Bilistages, rey de los
ilergetes, y contaba también con el apoyo de
Publio Manlio, recién nombrado pretor de Hispania Citerior y enviado como ayudante del cónsul. Catón se dirigió hacia la
península ibérica,
desembarcó en Rhode y sofocó la rebelión de los hispanos que ocupaban la plaza. Posteriormente se trasladó con su ejército a
Emporion, donde se libraría la mayor batalla de la contienda, contra un ejército
indígena ampliamente superior en número. Después de una larga y difícil batalla, el cónsul logró una victoria total, consiguiendo infligir 40 000 bajas en las filas enemigas. Después de la gran victoria de Catón en esta batalla decisiva, que había diezmado las fuerzas hispanas, la provincia Citerior cayó de nuevo bajo control de Roma.
Por otro lado, la provincia Ulterior seguía sin estar controlada, y el cónsul hubo de dirigirse hacia la
Turdetania para apoyar a los pretores Publio Manlio y
Apio Claudio Nerón. Catón intentó establecer una alianza con los
celtíberos, que actuaban como
mercenarios pagados por los
turdetanos y cuyos servicios necesitaba, pero no logró convencerles. Tras una demostración de fuerza, pasando con las
legiones romanas por el territorio
celtíbero, les convenció para que volvieran a sus tierras. La sumisión de los
indígenas era solamente una apariencia, y cuando corrió el rumor de la salida de Catón hacia Roma, la rebelión se reanudó. Catón hubo de actuar de nuevo con decisión y efectividad, venciendo a los sublevados definitivamente en la
batalla de Bergium. Finalmente, Catón vendió a los cautivos como esclavos y los
indígenas de la provincia fueron desarmados.
Antecedentes[editar]
Poco tiempo después, Escipión enfermó de gravedad y aprovechando la oportunidad, 8000
soldados romanos, que estaban descontentos por haber recibido un salario inferior al habitual, y, además, carecían de autorización para saquear poblaciones enemigas, se rebelaron e iniciaron un motín; este motín fue la ocasión perfecta aprovechada por los
ilergetes y otros pueblos
íberos para sublevarse, dirigidos por los líderes
Indíbil (de los ilergetes) y
Mandonio (de los
ausetanos), rebelión dirigida sobre todo contra los
procónsules Lucio Cornelio Léntulo y
Lucio Manlio Acidino. Lucio Manlio logró derrotar a los
ausetanos y a los
ilergetes, que se habían rebelado contra la
República en ausencia de Escipión el Africano. Volvió a Roma en el año
199 a. C., pero no le fue concedida la
ovación que le había otorgado el
senado por oposición del
tribuno de la plebe Publio Porcio Leca. Publio Escipión consiguió sofocar el motín y puso un final sangriento a la revuelta de los íberos. Mandonio fue capturado y ejecutado (
205 a. C.), mientras que Indíbil logró escapar.
Al marcharse
Escipión el Africano tras sus campañas hispánicas, los jefes ibéricos que le habían apoyado, y que todavía gozaban de una cierta estructura política y capacidad de reacción, consideraron que sólo les unía una relación personal con su
rex Escipión y no tenían ningún deber para con la
República romana, con lo que se levantaron en armas contra ésta. Se han propuesto, sin embargo, otras causas para la sublevación, como por ejemplo la muerte de Indíbil y Mandonio a manos de los romanos; o la más aceptada, los altos tributos que los hispanos debían pagar a Roma, sobre todo tras la transformación del territorio en dos provincias.
Fuerzas en combate[editar]
Primeros enfrentamientos[editar]

Casco tipo Montefortino procedente de Italia, habitual en el equipo de los legionarios romanos de los siglos III a I a. C.
La
República romana dividió en
197 a. C. sus conquistas en el sur y este de la
península ibérica en dos provincias:
Hispania Citerior (costa este, desde los
Pirineos a
Cartagena), posteriormente llamada
Tarraconense, con capital en
Tarraco, e
Hispania Ulterior (aproximadamente la actual
Andalucía), con capital en
Corduba, cada una de ellas gobernada por un
pretor. La transformación del territorio en dos
provincias provocó importantes cambios administrativos y fiscales, y la imposición del
stipendium no fue aceptada por las tribus locales, de modo que en
197 a. C., recién terminada la
segunda guerra macedónica, estalló una gran revuelta en toda el área conquistada en Hispania a causa del expolio republicano.
Las nuevas provincias necesitaban gobernantes, de manera que la
República envió a los pretores
Cayo Sempronio Tuditano a la
Hispania Citerior y
Marco Helvio Blasión a la Hispania Ulterior con un total de 8000
infantes y 800
jinetes para licenciar a los veteranos, y la orden de delimitar las fronteras de las provincias. Cuando Marco Helvio llegó a su correspondiente provincia se topó con una gran revuelta, con lo que informó al
senado. Numerosos jefes locales se habían rebelado en la
Hispania Ulterior, entre ellos el régulo
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Culcas, al frente de los ejércitos de 17 ciudades, y el régulo
Luxinio, al mando de las fuerzas de las ciudades de
Carmo y Bardo. También se habían unido a la revuelta las ciudades de
Malaca,
Sexi y toda la
Beturia.
Poco tiempo después, la guerra, que se había iniciado en la
provincia Ulterior, se propagó también a la
Citerior, en la cual su
pretor, Cayo Sempronio Tuditano, había fallecido por las heridas sufridas en una batalla, junto con muchos soldados, a finales del año
197 a. C.; y la provincia quedó sin pretor hasta el año siguiente. Es probable que el propio Marco Helvio, pretor de la Ulterior, asumiera también el control de la Citerior hasta la llegada del sucesor de Sempronio.
Quinto Minucio Termo y
Quinto Fabio Buteón fueron los
pretores elegidos en el
196 a. C. para hacerse cargo de la
Hispania Citerior y la Hispania Ulterior respectivamente. Se les entregaron unos refuerzos consistentes en dos
legiones, 4000 infantes y 300 jinetes, y se les dio la orden de irse a toda prisa a las provincias para continuar la guerra. Quinto Minucio Termo derrotó a los insurrectos
Budar y
Besadino en un lugar indeterminado llamado
Turda, causó 12 000 bajas en las filas hispanas, y atrapó al general Besadino. Quinto Minucio recibió, en consecuencia, el honor del
triunfo al retornar a Roma en el año
195 a. C.
Victoria romana en Iliturgi[editar]

Guerreros íberos armados con lanza y escudo oblongo en un vaso de Lliria (Valencia).
Dado el poco éxito del
pretor del
196 a. C. en la
Hispania Citerior, el
senado romano la había declarado como «provincia consular», ya que era necesaria la intervención de un
ejército consular para controlar la situación.Elegido
cónsul en
195 a. C. junto a su amigo
Lucio Valerio Flaco le tocó por sorteo hacerse cargo de Hispania Citerior a
Marco Porcio Catón, el Viejo. También fueron elegidos los
pretores para la
Hispania Ulterior e Hispania Citerior,
Apio Claudio Nerón y
Publio Manlio, respectivamente, con las fuerzas que les correspondía, aunque, debido a la situación de emergencia, se les permitió que dispusieran de 2000 infantes y 200 jinetes más, a sumar a las legiones de las que habían dispuesto sus predecesores. El cónsul Marco Porcio Catón, que no había podido evitar la anulación de la
Ley Opia, embarcó junto con sus tropas hacia
Hispania para hacerse cargo de la provincia Citerior con Publio Manlio de ayudante, dejando la Ulterior a Apio Claudio.
Marco Helvio Blasión, aunque ya había entregado el gobierno de la provincia a su sucesor, tuvo que quedarse en
Hispania debido a una larga enfermedad. Ya recuperado, con una guardia de 6000 soldados que le había puesto el pretor
Apio Claudio Nerón, fue atacado por 20 000
celtíberos cerca de
Iliturgi. Marco Helvio logró repeler a los atacantes, los derrotó, y les provocó unas 12 000 bajas.
Iliturgi fue ocupada por los
romanos, y esta victoria le valió a Marco Helvio Blasión una
ovación concedida por el senado en
195 a. C.; sin embargo, no pudo optar al
triunfo al haber luchado en una provincia que correspondía a otro pretor. A su llegada a
Roma Marco Helvio hizo entrega a la
República de 14 732
libras de plata sin acuñar, 17 023 acuñadas y 119 439 de plata oscense. Marco Helvio llegaba a Roma de esta forma dos años después de lo previsto. Tales cantidades de riquezas sacadas de Hispania dan una idea del malestar de los pueblos indígenas, probable causa del levantamiento.
Desembarco de Catón en Hispania[editar]
Marco Porcio Catón el Viejo fue dotado por el
senado romano con un
ejército consular, compuesto por dos
legiones, 8000
infantes, 15 000 aliados y 800
jinetes, además de 20
naves para el transporte de las tropas; a todo esto se sumaban como refuerzos 2000 infantes y 200 jinetes por cada uno de los pretores, haciendo un total de 50 000
nota 2 hombres entre los tres ejércitos.
7 Catón embarcó su ejército en 25 naves, 5 de ellas con tropas aliadas, partió de Portus Lunae (
Luni, Italia) y bordeó el
golfo de León para llegar a Hispania, a la zona norte de la provincia Citerior. El ejército romano
desembarcó en Rhode, en el
golfo de Rosas, hacia el mes de junio de
195 a. C., con sus 25
quinquerremes, para derrotar a un ejército de
nativos de la zona. El cónsul, que a su llegada a Hispania se encontró con una situación militar complicada, sólo llevaba personalmente unos 20 000 hombres, ya que el resto los llevaban los pretores; de manera que con esas escasas fuerzas afrontaba Catón la batalla.
Asedio de la ciudadela[editar]
Los poblados
íberos solían estar construidos en cerros, en lugares estratégicos, controlando las vías de paso, lo que les daban una importante ventaja frente a los enemigos; solían estar circundadas por grandes murallas, sobre las que se disponían torres de vigilancia y las puertas de la ciudad.
La mayoría (...) no fueron concebidos para rechazar asedios formales que nunca vendrían, no sólo porque las fortificaciones ejercieran un efectivo papel militar disuasorio —también—, sino porque el atacante no tendría ningún interés en asediar la ciudad. Un asalto rápido o por sorpresa a una granja, bien; una entrada en tropel por una puerta abierta cuando se perseguía a un enemigo en huida, de acuerdo (...) pero un asedio prolongado carecería de sentido en la forma ibérica de entender la guerra (...) más valdría volver a saquear los campos y buscar la sorpresa la primavera siguiente.
Fernando Quesada Sanz
La plaza cayó definitivamente en julio de
195 a. C. Catón saqueó la ciudad y luego combatió contra los indígenas y sofocó la resistencia de la
guarnición íbera situada en el Puig Rom, o acrópolis de Rhode, seguramente la
ciudadela de Rosas.
Llegada del ejército romano a Emporion[editar]
(En
castellano: 'La guerra se alimenta a sí misma'), frase pronunciada por Catón durante la contienda cuando se negó a comprar suministros adicionales para su ejército.
Emporion estaba formada por dos ciudades separadas por una muralla. Una ciudad habitada por griegos de Focea, como los massaliotas, y la otra por hispanos. La ciudad griega, próxima al mar, estaba rodeada por una muralla de menos de 400 pasos. La ciudad hispana, más alejada de la costa, tenía una muralla de 3.000 pasos de perímetro (...) La parte de la muralla que miraba a tierra, bien fortificada, tenía una sola puerta vigilada por un magistrado por turno. Por la noche montaban la guardia en las murallas la tercera parte de los ciudadanos hacía guardia en las murallas (...)
Tito Livio (traducción de J.A. Villar Vidal y revisión de J. Solís)
Marco Porcio Catón iniciaría en Emporion, una casi isla rodeada de marismas, donde coexistían la ciudad griega y la ciudad íbera separadas por una muralla, un duro enfrentamiento contra un enorme ejército hispano. A su llegada a la ciudad, Catón y sus tropas recibieron una calurosa bienvenida por parte de los habitantes griegos.
7
Encuentro con los aliados ilergetes[editar]

Mapa del noroeste de
Hispania, con nombres de los pueblos prerromanos.
En este momento llegaron al campamento romano tres legados
ilergetes, uno de los cuales era el hijo del rey
Bilistages. Éstos expusieron al cónsul que las ciudades ilergetes estaban siendo atacadas, y que si no recibían ayuda inmediata no podrían aguantar el asedio de sus plazas fuertes, para lo que le pidieron al menos 3000 hombres. Catón respondió que comprendía el peligro y la preocupación de los ilergetes, pero que él tenía que librar una batalla contra un gran ejército y no podía prescindir de soldado alguno. Los ilergetes le suplicaron ayuda ya que no contaban con ningún aliado además de Roma, ya que eran los únicos que habían permanecido leales a la
República y el resto de pueblos indígenas eran ahora sus enemigos. Los legados salieron del campamento decepcionados por la respuesta de los romanos. El cónsul no quería dejar a los aliados a su suerte, pero tampoco podía permitirse dejar soldados, de manera que urdió un plan para dar esperanzas a los ilergetes y que de esta manera lucharan con la moral más alta. La mañana siguiente Catón llamó a los legados y les dijo que les ayudaría; mandó que un tercio de los soldados se preparasen para salir en ayuda de los ilergetes en dos días, y lo mismo hizo con las naves. Los legados se fueron del campamento después de ver como los soldados embarcaban. Pasado un tiempo prudencial, Catón mandó que los soldados embarcados abandonaran las naves.
Catón permaneció unos días en las afueras de la ciudad analizando a las tropas enemigas y entrenando a sus soldados. En este tiempo visitó el campamento
Marco Helvio,
nota 3 haciendo una parada en su viaje de vuelta a Roma, protegido por 6000 soldados prestados por el pretor
Apio Claudio, después de haber vencido en
Iliturgi. Como la zona ya era segura, Helvio devolvió los hombres a Apio Claudio y embarcó hacia
Roma.
Preparativos para la batalla decisiva[editar]

Campamento fortificado romano:
1. Principia2. Via Praetoria (Vía pretoriana o trasversal)
3. Via Principalis (Vía principal)
4. Porta Principalis Dextra (Puerta derecha)
5. Porta Praetoria (puerta principal)
6. Porta Principalis Sinistra (Puerta izquierda)
7. Porta Decumana (Puerta trasera)
Cuando Catón consideró que sus soldados estaban preparados para enfrentarse a los
indígenas en campo abierto, ordenó a sus tropas dirigirse al
castra hiberna, un segundo
campamento situado a 3000 pasos de la ciudad en tierra firme, en territorio controlado por el enemigo, desde donde fustigaba por las noches a los sublevados quemando sus campos y saqueando sus cosechas y su ganado, desmoralizando así a sus enemigos. De esta manera entrenaba a los soldados y atemorizaba a los enemigos, hasta el punto de que éstos se atrevían cada vez menos a salir de la ciudad. Además, el cónsul ordenó a 300 soldados que raptaran a un centinela para interrogarle.
El ejército de Catón, de unos 20 000 hombres inicialmente, a los que habría que restar las bajas de la
batalla de Rhode, se encontraba ampliamente superado en número por las fuerzas del ejército indígena. El ejército sublevado que sitiaba
Emporion, de unos 40 000
hombres, se disolvió parcialmente en la temporada de la siega, momento aprovechado por
Marco Porcio Catón para atacar el campamento. Entonces el
cónsul se dirigió a sus hombres:
Ha llegado la ocasión que muchas veces deseasteis en la que se os presentase oportunidad para mostrar vuestro valor. Hasta este momento habéis luchado más como ladrones que como guerreros; ahora, en lucha regular, llegaréis a las manos enemigos contra enemigos; en adelante podréis no devastar los campos, sino vaciar las ciudades de sus riquezas. Nuestros antepasados estando en Hispania los generales y el ejército de los cartagineses y no teniendo ellos mismos en ella soldado alguno, quisieron, sin embargo, que en el tratado se añadiese esta cláusula, que el río Ebro sería el límite de su imperio. Ahora, cuando Hispania ha tocado en suerte a dos pretores, un cónsul y tres ejércitos romanos, cuando desde hace casi diez años no hay ningún cartaginés en estas provincias, hemos perdido nuestro imperio de más acá del Ebro. Es necesario recuperarlo con vuestras armas y vuestro valor y obligar a este pueblo, que es más temerario para la rebelión que constante para la resistencia, a aceptar de nuevo el yugo, que se ha quitado.
Disposición táctica empleada por Catón[editar]
Durante la noche, Catón tomó la posición más ventajosa, manteniendo una
legión de reserva, y situando la
caballería (
equites) en los extremos de la línea y la
infantería en el centro; disposición típica de un «ejército manipular» de la
época republicana. Los
manípulos se organizaban en tres distintas líneas de batalla (en
latín,
triplex acies) basadas cada una en un tipo de infantería pesada:
hastati,
princeps y
triarii: los
hastati, soldados de infantería cubiertos con armaduras de cuero, corazas y cascos, formaban en primera línea de batalla. Llevaban un escudo de madera, reforzado con hierro, una espada llamada
gladius y dos
lanzas arrojadizas conocidas como
pila (un pesado
pilum y una jabalina más pequeña). Los príncipes o
princeps, soldados de infantería pesada, formaban habitualmente la segunda línea de soldados. Iban armados y protegidos igual que los
hastati, pero utilizaban una
cota de malla más ligera en lugar de una coraza sólida. En tercera línea se situaban los
triarii. Sus armas y armadura eran similares a las de los
princeps, con la excepción de que su arma principal era una
pica en lugar de los dos
pila. Los
equites, finalmente, se situaban a ambos flancos de la formación de batalla.
Desarrollo de la batalla[editar]
A primera hora de la mañana
Catón el Viejo envió tres
cohortes a la valla del campamento
íbero, lo que provocó la sorpresa en los hispanos, que no esperaban un ataque por detrás. El ejército romano se encontraba entonces situado entre los enemigos y su propio campamento, maniobra utilizada por el cónsul para forzar a la lucha a sus hombres, impidiendo deserciones. Entonces Catón ordenó a los atacantes que simularan retirarse, de manera que los íberos les persiguieron de forma desordenada, precipitándose al exterior de la valla del campamento, momento en que la
caballería romana apareció por su flanco derecho; sin embargo ésta fue superada y se retiró asustada, y una parte de la infantería también, de manera que Catón tuvo que enviar dos cohortes de socorro para rodear a los atacantes por la derecha, que debían llegar antes del encuentro de las líneas de infantes.
El miedo provocado a las tropas hispanas gracias a la maniobra igualó el miedo inicial de la caballería romana del ala derecha. La batalla estuvo muy igualada mientras se luchó con armas arrojadizas; en el flanco derecho dominaban los íberos, mientras que en el izquierdo y en el centro eran más fuertes los romanos, que además esperaban la llegada de dos cohortes de refuerzo. Estando igualada la batalla, por la noche, Catón atacó en
cuña con tres cohortes de reserva, que habían estado esperando en la segunda línea, tras lo cual se estableció un nuevo frente de batalla y consiguió la desbandada de los íberos. Catón ordenó formar a la segunda
legión, que había permanecido en la retaguardia, y atacó de noche el campamento enemigo. La legión de refresco llegó y se concentró en la valla del campamento, donde los hispanos se emplearon ferozmente para protegerla de los asaltantes; entonces Catón observó que la resistencia íbera era menor en la puerta izquierda, por lo que ordenó a los
hastati y
princeps de la segunda legión que se dirigieran hacia ella.
Los defensores de la puerta no soportaron el asalto y los romanos lograron entrar. Aprovechando la confusión, el resto de la legión acabó con los defensores y el ejército romano alcanzó una victoria total. Según
Valerio Antias, los hispanos sufrieron 40 000 bajas en la batalla. Una vez finalizadas las hostilidades el cónsul dio descanso a sus hombres y puso en venta el cuantioso botín.
Después de la batalla no sólo se rindieron los habitantes de
Emporion, sino también los de las ciudades cercanas. Catón les trató con corrección e incluso les auxilió, para después dejarles ir a sus casas.
Final de las hostilidades en la provincia Citerior[editar]

Vaso de Edeta procedente del
Tosal de San Miguel (Valencia) con representación de guerreros íberos.
Con la victoria en
Emporion Marco Porcio Catón había conseguido la pacificación de toda la
Hispania Citerior; por todo el camino hacia
Tarraco se le fueron rindiendo todas las ciudades, y le fueron entregando los romanos que tenían como prisioneros.
Poco después se propagó la noticia de que el
cónsul se marchaba con su ejército hacia
Turdetania, lo cual fue aprovechado por algunos pueblos
bergistanos para levantarse en armas. Catón aplacó fácilmente la revuelta hasta en dos ocasiones, pero no fue tan clemente en la segunda y vendió a los vencidos como esclavos. La táctica empleada por Catón en esta ocasión consistió en llegar a los poblados antes de lo esperado, atacando así a los sublevados por sorpresa. Después de esto, Catón ordenó el desarme de todos los habitantes de la
provincia Citerior.
El cónsul llamó a los representantes de las ciudades hispanas de la zona para que tomaran medidas de forma voluntaria para no poder rebelarse de nuevo contra
Roma. Como no encontró respuesta por parte de los hispanos Catón mandó derribar los muros de todas las ciudades.
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La guerra en la provincia Ulterior[editar]
Revuelta de los turdetanos[editar]
Los
pretores Apio Claudio Nerón y
Publio Manlio se encontraban en
Turdetania, librando la guerra contra los propios turdetanos y contra los
mercenarios celtíberos que éstos habían contratado, consiguiendo algunas victorias. No fueron éstas, sin embargo, victorias difíciles, ya que los pretores contaban con una buena cantidad de
jinetes y soldados veteranos. Pero posteriormente los turdetanos contrataron a otros 10 000 celtíberos, y comenzaron a prepararse de nuevo para el combate.
Tras una triunfal campaña, Catón condujo a sus tropas a
Sierra Morena, Turdetania, en ayuda de los
pretores Publio Manlio y Apio Claudio, a la zona donde los turdetanos tenían sus minas. Turdetanos y celtíberos, mercenarios al servicio de éstos,
7 se encontraban acampados en distintos emplazamientos. Hubo inicialmente algunas escaramuzas entre romanos y turdetanos, siempre con resultado favorable a los primeros. Los
tribunos emisarios de Catón fueron enviados por éste a convencer a los celtíberos para que se retiraran a sus tierras sin presentar batalla o que se unieran al ejército romano, cobrando el doble de lo prometido por los turdetanos. Ante esta proposición los celtíberos solicitaron tiempo para pensar, pero, al unirse los turdetanos a la reunión, no se llegó a ningún acuerdo. Los celtíberos, sin embargo, decidieron por su parte no presentar batalla. Después de perder el apoyo militar celtíbero, los turdetanos fueron derrotados. Esta derrota significó la pérdida de sus posesiones mineras, lo que obligó a los turdetanos a permanecer en el valle del
Guadalquivir, dedicándose a la agricultura y la ganadería.
Paso por Celtiberia[editar]
Catón el Viejo regresó al norte atravesando la
Celtiberia con el fin de amedrentar a los celtíberos e impedir futuros levantamientos, y como represalia por haberse unido a la sublevación de los turdetanos. Se dirigió hacia
Segontia, ya que le había llegado el rumor de ser la plaza donde se podría conseguir un mayor botín, y sitió la ciudad sin éxito por falta de tiempo. Después se dirigió hacia
Numancia, en cuyas proximidades dirigió un discurso a sus
equites.
Volviendo Catón de Turdetania consiguió el sometimiento de
ausetanos,
suessetanos y
sedetanos. El cónsul pudo aprovechar el malestar de sus aliados con los
lacetanos, que habían aprovechado la expedición romana a Turdetania para asaltar sus poblados. Cuando el contingente romano llegó a la ciudad de los lacetanos, Catón mandó a parte de sus
cohortesnota 7 situarse a un lado y a las demás que se situaran en el lado contrario. Acto seguido ordenó a los aliados, suessetanos en su mayor parte, que atacaran la muralla. Los lacetanos, confiados en poder derrotar fácilmente a los suessetanos, abrieron una puerta y salieron a su encuentro; los suessetanos huyeron y los enemigos les persiguieron. Entonces el cónsul mandó a las cohortes entrar inmediatamente en el poblado, que sorprendieron a los lacetanos. Después de esto los lacetanos se rindieron.
Tercera sublevación de los bergistanos[editar]

Falcatas, puntas de lanza y glandes de honda procedentes de la provincia de Córdoba, armas típicas de los íberos.
Posteriormente el
cónsul Marco Porcio Catón se dirigió de nuevo hacia la provincia Citerior, hacia el territorio de los
bergistanos, que se habían revelado de nuevo y resistían en la fortaleza de
castrum Bergium.
nota 8 Al llegar a la ciudad el líder bergistano fue a ver a Catón para decirle que él y su pueblo todavía eran leales a Roma, y que eran unos forasteros los que se habían hecho con el control de la ciudad y eran hostiles a los romanos, y que además se dedicaban a saquear a los habitantes de la
provincia Citerior. De esta manera, Catón idea una estrategia para probar si los bergistanos le eran o no leales, y de paso conquistar más fácilmente la plaza. Catón ordenó entonces al líder bergistano que él y sus leales ocuparan la ciudadela cuando empezara el asedio romano, orden que el bergistano cumplió; los bandidos quedaron entonces rodeados y fueron derrotados. Después de la batalla Catón ordenó que los ciudadanos que habían sido leales a su plan fueran liberados, los demás bergistanos esclavizados, y los bandidos foráneos ejecutados.
Consecuencias[editar]
Gestión de la victoria[editar]
Una vez que hubo reducido a los insurgentes hispanos asentados en el territorio localizado entre el
río Iberus y los
Pirineos,
Catón el Viejo dirigió su atención hacia la administración de la
provincia. Durante su gobierno los ingresos aumentaron, al incrementarse los beneficios del Estado por la explotación de los recursos mineros, principalmente
plata y
hierro, así como de un gran monte de
sal en el que el
cónsul se interesó. Parece que Catón supo ver las razones que habían motivado la revuelta, seguramente los excesivos impuestos sobre los hispanos; de manera que reorganizó la recaudación, aumentando el beneficio que se quedaba en Hispania.
Debido a los éxitos de Catón en Hispania, el senado aprobó tres días de plegarias públicas; y resolvió también que los soldados que habían actuado en Hispania durante la revuelta fueran licenciados.
A finales del año
194 a. C. Marco Porcio Catón regresó a
Roma con un enorme
botín de guerra consistente en 25 000
libras y 123 000 piezas en
bigati de
plata, 540 piezas de plata de
Osca (
Huesca) y 1400 libras de
oro; todo ello arrebatado a los pueblos hispánicos en sus acciones militares.
nota 9 El
Senado le concedió celebrar un
triunfo, el cual se encuentra documentado en los
Fasti triumphales. Catón repartió parte del botín entre los soldados que habían servido bajo sus órdenes.
La victoria en la guerra de
Hispania supuso un gran espaldarazo a la carrera de Marco Porcio Catón, ya que le permitió alcanzar las cotas militares de sus adversarios. Este éxito le supuso, en concreto, poder codearse con su gran rival
Escipión el Africano.
Al volver
Catón el Viejo a Roma y llegar los nuevos pretores que le sucedieron en las
provincias hispanas, se produjo nuevamente otra rebelión. El
pretor Sexto Digitio se enfrentó en muchas ocasiones con los sublevados, perdiendo en los combates hasta la mitad de sus tropas.
Continuación del proceso de conquista[editar]

Fíbula celtíbera de
bronce que representa a un jinete. Bajo la cabeza del caballo hay una cabeza humana cortada, quizá de un enemigo vencido. Este tipo de fíbulas se consideran un emblema de las élites guerreras. Siglos III-II a. C.
M.A.N.
A partir del año
147 a. C. la república debería enfrentarse a un nuevo enemigo lusitano, el inicialmente pastor
Viriato, que se convertiría a partir de entonces en gran quebradero de cabeza para Roma, tanto que se le llegó a llamar
el terror de Roma. Consiguió huir de la matanza de
Servio Sulpicio Galba en
151 a. C., posteriormente se rebeló, consiguiendo diversas victorias frente a los romanos. Conquistó también varias ciudades, como
Tucci (probablemente la actual
Tejada la Vieja), y la región de
Bastetania. Fue asesinado alrededor de
139 a. C.